El evangelio según las calles

Donde Dios hace intervención en el prólogo a esta historia

El narrador me ha pedido que escriba un prólogo a esta particular historia. ¿Pero qué pueden agregar prólogos a las tragedias del Individuo? Invadido por sueños, propios de aquel que fue nuestro caballero de la triste figura, el protagonista sucumbe a la realidad posmoderna. El narrador ha querido interpretar en su creación la soledad propia de las sagradas escrituras: la soledad que busca medir el tiempo en relojes, deshabitar el espacio en los automóviles y destruir al otro con las armas. Encuentro en esta historia el rechazo del ser urbano ante las circunstancias características de la fe y la palabra: agresivas, mortales para la comunidad anónima. Pese a que todas las historias tienen un poco de mi materia, he de admitir que vale la pena añadir algunas reflexiones sobre el tema del lenguaje: qué mejor lingüista que Dios.

En un principio se hizo el lenguaje y dije Hágase la luz y la palabra nació del lenguaje de la no existencia, que abarca más allá de la Muerte. Como un virus o una bacteria inasible, la palabra, herencia de esa mi figura que desapareció sin dejar rastros en el cielo (tantos cohetes y astronautas generan pánico), encontró cobijo en el ser humano y aprovechó de sus extraños comportamientos y su mañosa forma de ser para contarles la verdad que servirá de precaución para el sinuoso camino de aquel que encuentre mi verbo. Estaba aburrido en aquel entonces cuando el universo iniciaba y terminaba en mí. Escupí mi palabra y los hombres abrieron la boca. Repitieron mis palabras. Lo que yo quisiera. Me rendían sacrificios. Su primitiva conciencia era gobernada por lo que se suele vulgarmente llamar como instnto. Sólo me faltaba convertirme yo en uno de ellos o ellos en una extensión de Mí. Pero si hay algo que no surgió de mí fue el silencio.

Al final quien inventa la palabra es dueño de la verdad. Nadie sabe qué Dios está detrás de Dios ni a qué laberinto macabro nos invita el narrador que rige desde el vacío nuestros movimientos.

Del nacimiento y primeros hechos del Bache

A finales del mes de junio las lluvias azotaron una ciudad entre el polvo del desierto y el aire de los mares, dando lugar a un minúsculo agujero que se alimentaba del despojo de las llantas y de piedras. El pequeño hoyo, parecido a una caries dental, creció de forma considerable y el 25 de diciembre de aquellos tiempos se convirtió en un Bache, el primer bache en la historia de la humanidad. La ciudad se convirtió de pronto en un espejo de esa propia verdad y otros agujeros, obedientes, comenzaron a seguir el evangelio de aquel primero que, con la molestia del ser humano, crecía gracias al alimento de hule, metal, tierra, polvo… La ciudad se llenó de cráteres y alguien furioso dijo que era más seguro manejar en la luna. Nadie comprendía que aquellos agujeros eran una extensión del primero.

Iniciaron las protestas que en vano buscaban eliminar al Bache predicador que en su silencio incitaba a la rebeldía de las calles, mientras él crecía hasta formar una profundidad y un diámetro de sinceras consideraciones. Sin embargo, el gobierno jamás respondió a las propuestas porque así lo quise yo. De hecho, las protestas cesaron y es aquí cuando aparece Jesús de la Cruz Corona, un hombre común que tuvo la visión desencadenadora del fin: el Bache era en realidad la transubstanciación de la materia de Dios en la tierra. Esa era la única explicación sobre la epidemia de baches y el silencio del Estado.

Milagros del Bache

Suicidios a raudales ocurrieron en aquella época. Las personas, hermanadas ya al vehículo que los resguardaba en sus entrañas, llegaban tarde a sus empleos y hogares, generando en ellos un sentimiento propio de la ansiedad y angustia. El Bache alcanzó, gracias a las protestas ahora a su favor y a los grupos de fanáticos que se transformaron al Bachismo, el tamaño de una casa bajo tierra. El tráfico se detuvo por completo y la ineptitud y crisis del hombre se pusieron a prueba: dos meses estuvieron atrapadas más del 10% de la población que en el aniversario del nacimiento del Bache se encontraron con una masa de personas de diferentes poblaciones y nacionalidades que venían a rendir culto al Bache, además de verlo crecer más y más a velocidades imperceptibles: su profundidad no podía contemplarse a simple vista. Algunos eran poseídos por visiones en las que el Bache penetraba hasta el centro de la tierra y el Infierno se tragaría al mundo. Otras visiones anunciaban una blasfemia de la física: las profundidades en realidad llevaban al Cielo, al Paraíso. El Estado no hizo nada, pues el turismo generó ganancias para todos. Luego empezaron los suicidios, como decía: muchos no soportaron estar atrapados y no se les ocurrió otra cosa que golpearse la cabeza con el volante hasta acabar muertos; los que cargaban armas o disparaban contra los fanáticos o se suicidaban al ver que los fanáticos volvían a levantarse, impulsados por la fe y el éxtasis; y otros saltaban a las profundidades del Bache para ya no volverlos a ver, en busca del Cielo, buscándome.

Pasión y descenso del Bache

A finales del año pasado en el tiempo de los hombres fue cuando la Iglesia anunció la visita del Papa al país del Bache. El pretexto de su venida era, sin lugar a dudas, visitar al Bache que anunciaba la llegada de Dios. Ahora tenía el tamaño preciso, exacto: sus orillas llegaban hasta la frontera con Estados Unidos hacia el norte y con el pueblo de Santa Mónica hacia el sur. El Bache fue, a su manera, amable con los habitantes que ahora le rendían un culto entre forzado y divino: dejó ciertas calles intactas para que la vida en Su ciudad continuara de alguna forma. Sin embargo, descontando a los suicidios, cerca de medio millón de personas murieron en diferentes circunstancias: accidentes hacia el vacío, personas que en sus casas fueron tragadas por la boca del Bache, fraccionamientos enteros que desaparecían durante la noche ante su voracidad monstruosamente divina.

La llegada del Papa fue un evento especial para una ciudad acosada por diversas tragedias a lo largo de su historia. Los espectaculares le mostraban amor justo antes de caer al vacío y durante toda su estadía las personas vistieron de blanco. Ayudó a erigir cierta esperanza en los habitantes asustados por el Bache, los cuales creían que si sacrificaban a un preso o a un animal éste los perdonaría y perdonaría a sus vecinos. Así se abandonaban a ciertos orígenes del hombre, a un civilizado primitivismo. El Papa bendijo las fronteras del Bache y dio una misa en la única iglesia que quedaba en la ciudad: la que fue construida para su llegada. Casi todos los habitantes que aún quedaban acudieron a la misa, incluyendo a las personalidades del Estado, que por fin mostraban el rostro.

Fue en ese preciso momento: el gran padre, representación humana de mi Palabra, anunciaba la eucaristía y las personas en una gran fila se alimentaban de la sangre y carne de Jesús, durante un gran silencio místico y revelador, cuando desde las profundidades de la tierra escucharon aquel presagio que habían oído tantas veces y al cual temían cada vez que sentían el temblor, el ruido del silencio, la gran furia del final y los gritos del horror, el culto ahora al caos, la ira de un Ser que no presentó misericordia en su propia búsqueda de devastación total en una zona de la tierra. Después el derrumbe, el gran derrumbe hacia mí, hacia la nada.

Fotografía: Ingmar Bergman, El séptimo sello.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s