Decálogo del perfecto cuentista

Durante mi ausencia de cinco días, mis fanáticos académicos y lectores insignes que sólo dan like y jamás leen una palabra mía, me exigen, imploran, ruegan que escriba un decálogo sobre el perfecto cuentista. Me sorprende en demasía puesto que jamás he escrito un cuento o he leído un libro de cuentos. Pero en mis dramas de antaño mi madre solía decirme que yo inventaba buenos cuentos. No sé a qué se refería pero jamás olvidé aquellas palabras. Su recuerdo me es el incentivo esencial para la redacción de mi decálogo. La última razón sería que, puesto que nadie lee este blog y están de moda las listas (decálogo es un eufemismo), quiero atraer a lectores de todos los idiomas y de todas las curiosidades. Va.

  1. Evita las comparaciones, son como una bahía de lodo en el oasis de la imaginación
  2. Simplemente no utilices adverbios si no son necesariamente necesarios. A pesar de que el lenguaje debe ser utilizado en su totalidad, mejormente olvida los adverbios que terminen en mente.
  3. ¿Es prudente el artificio de las preguntas retóricas? No.
  4. Trata de no repetir las repeticiones.
  5. Sé consistente. O mejor no lo seas.
  6. No generalices. No hay nada peor que la generalización. Es lo más horrible. De hecho un perfecto cuentista jamás generalizará ni será dictaminoso con sus puntos de vista. Repito: jamás.
  7. Los adjetivos, cuando no dan vida, se transforman en bancos.
  8. Hay que leer a Paulo Coelho, hay que leer a Arturo Pérez-Reverte, hay que leer a Corín Tellado y hay que leer de rodillas a Isabel Allende. Se debe evitar, por supuesto, la lectura de Virginia Woolf porque nadie la entiende; a Italo Calvino porque sus libros son muy caros; a Juan Rulfo y Josefina Vicens por egoístas; a Julio Cortázar por desordenado. Es indiferente leer o no a Albert Camus. No recomiendo su libro “El extranjero”.
  9. Escribe desnudo y de pie. Un perfecto cuentista siempre debe utilizar una prosa diáfana, parecida a la desnudez, y equilibrada con humilde firmeza.
  10. La verborrea es una enfermedad de transmisión textual. Describir sin la prudencia del descanso o de la acción será uno de los peores vicios del escritor. Nadie suele leer párrafos extensos, que no sobrepasen las cuatro líneas. Lo ideal sería dividir los cuentos en números, no importa si son microficciones de tres frases. No obstante la verborrea consiste en alargar las palabras hasta el hastío. Puede estar acompañada de momentos cansinos, gerundios y cosas que no tienen un sentido para la narración.
    También algunos escribidores la aderezan con anécdotas y ejemplos. Recuerdo que un amigo me comentaba o más bien se quejaba como jugando, riendo cual demonio, que era nefasto que la institución más solemne de todas, la DRAE, le dedique una entrada tan pobre a esta palabra. Se trata de añadir de más. El cuentista o escritor no sabe cuándo terminar. En fin así es como la defino yo.
  11. Aprende a contar o consulta un diccionario para no hacer el ridículo si acaso no conoces una palabra.

Escritura

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10 comentarios en “Decálogo del perfecto cuentista

  1. Tomaré en cuenta algunos de sus consejos aunque otros tendré que dejarlos de lado. Por ejemplo, me enerva que al pobre gerundio se le tenga tan mal catalogado. Es todo lo que diré. Ne voy porque estoy preparando el almuerzo, ya que anoche estuve leyendo hasta tarde. Espero que no ande por ahí balbuciendo maldiciones y que su vida esté mejorando.

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