El árbol que creció al revés

I. Alan Moore, genio, aconsejó en cierta ocasión que ante el oscuro panorama de las editoriales cada vez más poderosas la esperanza estaba en la autoedición: “Publícate a ti mismo. No confíes en otros”. Claro que autopublicarse tiene sus beneficios y defectos. El mayor beneficio, tan humilde y sincero, es la satisfacción de haber publicado un libro y darlo a conocer sobre todo a amigos y familiares: la trascendencia no es buscada, sino ofrecer un “pedazo de ti”, por escribirlo en tonos coloquiales. Tampoco se espera ser un best-seller. Los defectos en cambio son varios si se desconoce el artificio (como todo en la vida): desde errores terribles de edición —cosa que ocurre también en las grandes editoriales pero en menor grado— hasta la decepción de no tener en las manos el libro que se tenía en mente. No solamente es acudir a la imprenta y empastar (que sin embargo parece una opción cómoda). Tal vez lo peor de todo está en autopublicar un libro que es malo y que nadie se atreva a decir que lo es o que se lea desde la indiferencia.

Muchos conocidos y extraños me exigieron una opinión sobre un libro de “historias” que apareció en abril del 2015. Pueden contemplar que tardé un año en escuchar y escribir. Al parecer estas personas saben que yo estudié literatura y querían conocer mi opinión como “sabedor y odiador de cosas varias”. En fin, la novedad del libro está en que el autor, Óscar /Oscar A. Flores, se autopublicó y comenzó a vender su libro a través de facebook. Estos conocidos y extraños le dieron una cálida aprobación al libro y Oscar vendió muchas copias y camisetas de su libro.

Suelo ser muy quisquilloso, por no decir tacaño, al momento de pagar por un libro. Así que puedo confirmar que no compré el libro, tampoco el libro electrónico… ni la camiseta… ni la botella mágica… ni las semillas de la ermitaño marca Arboles… 

II. La primera entrada del blog de Oscar trata sobre el libro: ahí leí los fragmentos de su única obra. Después de ver unas fotos decentes del libro tomando un bronceado, luego de ignorar el video que promociona al mismo, leo lo siguiente: “Arboles de agua, un libro escrito por Oscar A. Flores Yáñez. El libro es una antología realizada por el autor, de lo que él llamó: Sus mejores obras”. Se trata en pocas palabras, de una publicidad hecha por el autor. Arboles de agua es, en palabras de Oscar, una antología de sus mejores obras. O eso parecía hasta que leí que “en el libro se encuentran seis novelas cortas, diferentes una de la otra”. Entonces resulta ser una antología de seis novelas cortas, de acuerdo con el autor. Lo cierto es que no hay ninguna novela corta: son seis cuentos de por lo menos diez cuartillas en Times New Roman 12 a doble espacio. Pero para el autor son novelas cortas. Respetemos la opinión del autor, ¡por Dios! Por fortuna son “diferentes una de la otra”: sería terrible tener que leer seis veces la misma historia.

III. ¿En qué género literario puede catalogarse a Oscar A. Flores? Confío en su palabra cuando escribe que sus mejores obras son novelas cortas. Yo comenté antes que eran cuentos. “Género narrativo” concluyo. Sin embargo, unas palabras del autor que escribe desde el desdoblamiento responden al dilema: “En el libro se pueden encontrar géneros como: Amor, Ficción, Fantasía, Drama, Superación, Misterio, entre otros”. Nótese que son seis géneros oscariles. Imagino que el primer cuento o novela corta es Amor, que el segundo cuento o novela corta es Ficción, que el tercer… Aristóteles, en la tercera parte de su Poética seguramente escribió sobre el género literario Ficción. Oscar, o el otro Oscar que escribió eso, además augura otras posibilidades en ese “entre otros”. Quizá en este digno etcétera se encuentren el género lírico y el narrativo, tan menores e insignificantes que ni siquiera merecen ser mencionados.

IV. Luego de abandonar por un rato la lectura de la autoreseña de Arboles de agua, contemplo que en realidad Oscar y yo estábamos equivocados: “El libro también cuenta con la característica de ser narrado de una manera poética”. En conclusión, son seis novelas cortas parecidas al cuento, narradas a la manera de la prosa poética. Y además, como Samaniego y Esopo, el libro “contiene enseñanzas y moralejas en cada una de sus historias”. Agreguemos pues que son seis novelas cortas cercanas al cuento narradas desde la prosa poética y con un trasfondo de fábula.

(Lo cierto es que Oscar, más adelante, definirá a sus seis novelas cortas como “historias”).

V. Una bienvenida de dichas proporciones bastaría para desistir de la lectura de cualquier libro. El tiempo es breve y lo esencial radica en administrar el tiempo. Las historias están completas sólo si accedes a comprar el libro, cosa que, lo escribí anteriormente, no hice. A rasgos generales, el libro resulta más afortunado que las palabras introductorias. Sin embargo Arboles de agua es un compendio de lugares comunes, puntos suspensivos, poca originalidad, historias de superación personal, moralejas vacías, faltas de ortografía, diálogos vergonzosos, personajes planos, aburridos. En fin, cursilería por doquier. Como no quiero recibir otro comentario sobre mi severidad y visceralidad, me dispuse a “analizar”, con prisa, una novela romántica, historia ejemplar, fábula clásica, cuento: “Te la cambio por una sonrisa”.

La trama peca en su simpleza. En un coche niña y padre esperan a la luz verde, mientras los malabaristas realizan su espectáculo efímero, su sentencia de mendigos. Lamentablemente, lejos de una reflexión moral, encuentro al texto bastante doctrinal: el hombre de los zapatos grandes es infeliz porque ha sido condenado a pedir propinas pero el padre, narrador de la historia, es una figura ejemplar, una escultura de papel. El contraste resulta bastante obvio. La construcción del personaje del mendigo es un cliché de lo grotesco: sin dentadura, feo, pobre, pide limosna, amarrado siempre a las calles, al mismo semáforo. Es infeliz debido a su condición de mendigo. Naturalmente hay un cambio cuando la niña, que pertenece a ese mundo socialmente aceptable donde su padre puede hablar por teléfono y conducir un auto, le regala una paleta. Por arte de magia, el hombre de los zapatos grandes sonríe y su vida conoce la felicidad gracias al significado de las pequeñas cosas: la baba de la niña en la paleta de caramelo. Fuentes confiables me comunican que el mendigo, después de este suceso, dejó los semáforos y con mucho esfuerzo fundó una empresa de zapatos. Ganó el dinero suficiente como para arreglarse los dientes y hasta se puso algunas piezas de oro. Gracias, niña, un milagro más brillante que la luz de los semáforos.

VI. No deseo comentar otra historia. A mi gusto la historia más efectiva es “Leila” pero se corrompe por una inverosímil y estúpida historia de horror a lo Anabelle.

El libro en conclusión busca ser “especial para personas que planean o quieren comenzar a añadir el habito de la lectura a sus vidas”. Así que si quieren aprender a leer, o si desean adentrarse en el mundo de la literatura, ignoren a los clásicos y compren Arboles de agua. No se angustien por la dificultad comprensiva: el libro “cuenta con un vocabulario cotidiano y fácil de entender, hará que su lectura sea más fluida y gratificante”. Pero si ya has leído más libros que Peña Nieto, ¡no te preocupes!, “incluso si la persona ya posee el habito de la lectura, encontrará en él un mundo lleno de inspiración y motivación”.

VII. Para terminar, invito al autor a que suba los textos completos. Apuesto a que más gente lo leería. Aunque sea por puro morbo.

 

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