Espectacular

En la esquina de mi casa, sobre el linde de la avenida, hay un espectacular: es el rostro de un politicucho conservador, de pasado incierto, oscuro, bigote arregladísimo, corte de cabello ejemplar. Se lee una leyenda que pretende acercarse al discurso popular: “Ahora sí, Chihuahua”; y antes: “Ahora es cuando”. Luego está su propósito final: la imagen de “Gobernador”.

El sujeto retratado estuvo hace pocas semanas en un escándalo ridículo. Quizá se trató de una revelación, un sentido revolucionario, pero este tipo de la ultraderecha se declaró a favor de los derechos de los homosexuales; fue criticado y vilipendiado hasta que, en una contradicción de los principios éticos peligrosos que siempre ofrecen las palabras, renunció a sus declaraciones y se declaró a favor de la homofobia y la discriminación tan ad hoc de su partido político. No fue sorprendente.

(Recuerdo el espectacular, la imagen que baila con el viento, es violentado por el aire, riesgo de caída, peligro, no sería la primera víctima política del aire, el rostro aplastando autos y personas, qué cinismo, qué política)

Cuando me conviene conservo una memoria prodigiosa. Y el pasado de este espectacular, que se ha multiplicado y contamina la atmósfera de mi ciudad junto con otros rostros políticos, photoshopeados como si se tratase de estrellas de la farándula, moldeados a imagen y semejanza de Peña Nieto, se vuelve escabroso y simbólico, igual a una enfermedad terminal, un cáncer visual.

El espectacular del político sustituyó a la imagen de una mujer desaparecida de la que nunca se sabrá. Reemplazó con su feo rostro el otro rostro de la ausencia: una fotografía en donde antes hubo una sonrisa, una mirada. Aún recuerdo ese otro cartel: ¿Has visto a…? y el nombre que puede ser todos los nombres, la edad de todas las edades: una niña, una adolescente, mujer, siempre mujer. Recuerdo una recompensa exagerada que jamás será reclamada porque nadie ha visto a la innombrable, a la negada, a la reemplazada. Recuerdo enojarme puesto que lo único que hizo el gobierno, quizá para callar a las voces, quizá por un sentimiento cínico y culpable, fue hacer un espectacular imposible que más pronto que tarde reemplazaron en época de elecciones.

Esto es en conclusión el pasado que busca ser negado por el presente y sus conveniencias, un pasado que pretende ser olvidado en favor de una nueva imagen. Hemos cambiado, dicen los espectaculares, por eso censuramos Sicario y Desierto, por eso trajimos al Papa, porque lo primero dañaba nuestra imagen y lo segundo nos dio fe, esperanza. Ya no pasan esas cosas: el feminicidio ya debe olvidarse, ya no desaparecen mujeres en nuestra ciudad, ya no hay rastros de osamentas anónimas en el desierto, ya no existe el odio, ya supérenlo.

Y ahí está el espectacular del sujeto que hoy se presenta amable, un hombre de principios, conservador, la homosexualidad es un crimen contra natura, Dios es la verdad, ahora sí, Chihuahua, ahora es cuando, mientras espero a que el viento haga bien su trabajo.

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Un comentario en “Espectacular

  1. Hombres sin voz que necesitan literalmente ocupar el espacio de otros. Su discurso es aquel de palabras repetidas, frases que ya todos podemos reconocer y asociar. Pero tal vez lo que más me indigna es que no les basta robarse la palabra de otros, sino que también deben silenciar el discurso ajeno para hacer valer el “suyo”. Lamentablemente, en condiciones como estas, hay poco que se pueda hacer. Eso sí: nunca ceder a sus constantes plegarias por el silencio.

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