Chandie Bong, crítico literario

I. Más sano resulta golpearse en múltiples ocasiones la cabeza antes que leer una página más de la novela El narquillo sinvergüenza del señor Felibestuardo Rodríguez. Recomiendo, por supuesto, que se comprenda esta novela como una enseñanza de la mala literatura que hoy se publica en nuestra ciudad. Chandie Bong, pseudónimo de nuestro querido protagonista, escribe el punto final de una reseña que sabe que no podría publicar en cualquier sitio. Claro, había publicado elogios forzados en otros tiempos, pero una musa —más bien una idea— le ha comentado que la sinceridad en asuntos literarios es quizá tan devastadora como un puñetazo en la cara. Nadie leía sus reseñas cuando alababa la obra de, por ejemplo, Rafael Molina o Ramón Huizar o María Wong. En ese entonces Chandie firmaba sin miedo: Alfonso Saucedo. Aún antes, en sus tiempos de egresado hambriento, se había dedicado al feliz anonimato de las contraportadas, donde conviven con dichosa alegría neutralidad e ingenuidad. Sus venganzas en aquel entonces eran más exquisitas: si una novela no le gustaba, escribía o arruinaba el final de la misma.

Un día, sin embargo, “y era un día soleado, un día en el que presientes que algo raro pasará”[1] un amigo le pidió que reseñara la segunda novela de Miguel Travieso, conocido escritor y activista:

—Se está vendiendo muy bien. La editorial sólo le ha pedido que cambiase el nombre, cosa a la que no se negó. Sabes, qué importa. El chiste es sacarle dinero al asunto.

—Está bien. Yo la reseño.

Durante su lectura (y para él tal ejercicio era semejante a un ritual: incluso la iluminación tenía que ser la correcta) Alfonso Saucedo comprendió a su musa, el piquete sucio de la crítica. Por miedo a represalias, ya que Miguel era un escritor renombrado en el círculo literario de la ciudad, el único que había logrado vender más de 1000 ejemplares de su novela, Alfonso se cambió el nombre a Chandie Bong y escribió: La novela de Travieso es el cáncer que ha carcomido la literatura de nuestra ciudad: violencia deshumanizada, personajes aburridos y estúpidos, explosiones a lo Michael Bay, relaciones de cartón… Recomiendo que el papel que se gastó en Balas sobre el Río Bravo sea reutilizado. Quizá en su nueva vida de papel higiénico tenga alguna utilidad estética.

II. La reseña de Balas sobre el Río Bravo se publicó en la Revista de la Universidad en el número de primavera y pasó sin pena ni gloria los primeros días. Alfonso sintió milagrosa su publicación: nadie quería publicarla y de no haber sido por su buen amigo en la redacción, quien insistió hasta el final, la reseña jamás habría visto la luz.

Una reseña elogiosa, en general, no es leída ni por el elogiado. Sin embargo, un comentario venenoso, un palpitar crítico será siempre como un virus. El texto de Chandie empezó a ser comentado progresivamente y la revista vendió más números que en toda su existencia: algunas docenas. Aparecieron trabajos en Internet alabando su sinceridad, surgieron opiniones del tipo “alguien por fin dice lo que todos piensan pero nadie dice”, ensayos duros sobre la novela de Travieso, se habló de “una crítica literaria en la ciudad que por fin acude a la verdad, sin andar besando pies, sin compadrismos”.[2]

Una semana después la revista Sinismo le ofreció su primer trabajo a nuestro protagonista: debía “destruir novelas malas, a las instituciones culturales, a los personajes pseudoliterarios del momento”.[3] Chandie aceptó pero siguió escribiendo para adornar las contraportadas de los libros que tiempo después criticaría.

III. En una especie de recreación de Juan Rulfo, Mesier López escribe su peor poemario desde… su último peor poemario

Me sorprende que la novela de Augusto Rojas haya sido publicada. Lo considero un milagro divino, de esos que anuncia el mensaje en las montañas de nuestra ciudad.

Lamentablemente, la novela de Ricardo Buendía retrata una ciudad en donde la violencia no justifica su falta de certidumbre estética: la acción es opacada por una pésima redacción de niño de primaria.

                                   Todo el colectivo Joplin comparten una sola cosa: la falta de talento.

Leo de nuevo otra novela de Miguel Travieso y siento cómo poco a poco, mientras repaso cada letra de este adefesio literario, mis neuronas se suicidan.

Toda la redacción de la revista Sinismo está apadrinada por la amistad. Fuera de ello, no podrían sobrevivir en solitario, puesto que no tienen talento para redactar bien un simple cuento

La poesía de Antonio Reyes pertenece a una nueva forma de escribir y sentir la poesía: bautizo este género como Narrativa Guillotinada. Es decir, poemas sin un sentido del ritmo y la métrica. Prosa recortada. Prosa sin un sentido poético.

IV. La primera carta llegó a casa de Chandie una semana después de aceptar el trabajo. Recordaba muy bien las palabras de aquel breve mensaje: te vas a morir por andar pendejeando. A Chandie, sin embargo, le sorprendió que todavía se siguieran escribiendo cartas y lo tomó como una bromilla hater. Pensaba con felicidad que se había ganado justamente su primer enemigo.

No obstante, luego de haber reseñado la última novela de Miguel Travieso, quien seguía siendo el best-seller de la ciudad y el padrote del género al que Chandie bautizó como Novela narcagada empezó a encontrar mensajes afuera de su casa que podrían resumirse de la siguiente manera: Ya valiste verga, pendejo.

Dejando de lado las amenazas y los vidrios rotos, dejaron de invitarlo a las presentaciones de libros (donde la gente va a tomar vino y a comer galletas de sabor dudoso). De hecho, algún gracioso colgó en la puerta del teatro, cuando se presentaba el poemario de Antonio Reyes (seguramente él): No se permite la entrada de este raro espécimen (y la cara melancólica de nuestro personaje).

A Chandie se le dificultaba reseñar malos libros porque no tenía acceso a ellos. Nadie quería aparecer en la columna del crítico “sínico”.

En las librerías tampoco le vendían libros, siquiera de literatura universal:

—Lo sentimos pero no podemos venderle libros a quien no los disfruta.

—¡Es la nueva novela de Kundera!

—Lo sentimos pero no podemos permitirle que critique al maestro Kundera.

—¡No quiero reseñarlo!

—No le vamos a vender nada. Ahí está la puerta. Adiós.

Sinismo tampoco se quedó atrás y luego de seis meses la redacción decidió despedir a Chandie. No tenía amigos ahí (pese al cordial saludo) y todos firmaron una carta hipócrita.

No me importa. Haré un blog. Y colgó todas sus reseñas en la red donde alcanzó un mayor público, no obstante también recibió diversos insultos: eres un pendejo y no te gusta nada / no puedo creer que hables así de un poeta como Reyes / no más me entero dónde vives y te parto la madre / pinche puto, ni sabes escribir.

V. Alfonso mató a Chandie antes que nadie. Dejó de escribir reseñas críticas y de puro milagro publicó una novela breve, Las aventuras del mal policía, que pasó desapercibida por absolutamente todo el círculo literario de la ciudad. No hubo reseñas ni comentarios al respecto. Tampoco tuvo ventas.

En abril del 2012, Alfonso caminaba hacia su casa cuando lo “levantaron”. Su cuerpo presentaba diversas manifestaciones de tortura que no se describirán en este relato.

VI. El final de este texto, como la carrera de Chandie, es abrupto y funciona más bien como una apología mítica y descriptiva sobre la reinterpretación del destino a la manera de Sófocles:

Miguel Travieso, en junio del 2012, fue el primero en rendirle un homenaje: al recuerdo de Chandie, el gran crítico de la literatura de la ciudad. Rescataba su sinceridad, su ingenio, su mordaz pluma.

Aplausos, aplausos.

La editorial de la Universidad publicó A cuentagotas. La crítica literaria en Chandie Bong. En esta colección de ensayos, especialistas en literatura, teóricos herméticos y grandes hipócritas del ambiente institucional, comentaban desde un acercamiento posposmoderno las reseñas de Chandie y su relación con la crítica literaria posposposmoderna.

Los alumnos de Literatura organizaron unas Jornadas durante el aniversario luctuoso de Alfonso y muchas ponencias sorprendentemente hablaban de Las aventuras del mal policía. Alguien comentó que Alfonso había revivido el género negro. Otros se atrevieron a decir que era el primer clásico de la literatura de la ciudad, después de Travieso.

Las aventuras del mal policía fue reeditada en 2016 por la editorial Random House y por supuesto se convirtió en el libro más vendido, así como en una de las mejores novelas de los últimos tres años. La crítica literaria comentaba que la figura de Alfonso había sido lentamente corrompida por sus ensayos, y que de haber vivido más o de no haber perdido su tiempo en la crítica estaríamos hablando de una de las promesas literarias mundiales.

La tercera edición de Las aventuras incluía un prólogo de Miguel Travieso y a finales de año, durante la FIL, el mismo confirmó una edición de las Obras completas, que incluiría ensayos críticos y trabajos académicos, además de las entradas del blog de Chandie y sus diarios y cartas a una mujer que prefirió mantenerse en el anonimato. Asimismo se publicaría la tesis de licenciatura y sus trabajos finales.

Por ahí alguien comentaba con sorna que Alfonso se estaba convirtiendo en un personaje importante y por lo tanto sobrevalorado. Sus familiares exigían paz. Sus amigos seguían publicando textos del tipo “Cuando Chandie Bong desmadró mi cuento” o “La vez que Chandie me pichó un café”.

Otros personajes más prudentes le dedicaban a Alfonso un respetuoso silencio, indignados por el espectáculo de su muerte.

Por último, el ICHICULT organizó el premio Chandie Bong para el ensayo crítico joven en donde se dotaba de $250,000 al ganador, así como la publicación de su obra. No se ha anunciado al ganador aunque todos saben que es Jorge Travieso, hermano menor de Miguel.

El crimen de Alfonso Saucedo jamás se resolvió (jamás se investigó). Los asesinos siguen libres y a manera de venganza recopilan y publican en Obras completas textos que el mismo Chandie Bong despreciaría.

[1] Alfonso Saucedo, El blog de Chandie Bong. Consultado el día 6 de marzo del 2016 en https://blogchandie.wordpress.com/2012/04/10/memorias/

[2] Miguel Travieso, “Chandie Bong, mi crítico” en A cuentagotas. La crítica literaria en Chandie Bong. México, Editorial Universitaria, 2016, p. 45.

[3] Román Zaragoza (director de Sinismo). “Chandie y la revista Sinismo”, en A cuentagotas… op. cit., pp. 5-10.

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