“Soy Bob Dylan”

La noticia sobre los intentos vanos de la Academia Sueca por contactar a Bob Dylan me recordaron dos anécdotas que leí hace algunos años sobre su personalidad.

La primera tiene que ver con el peso de la fama. Cuando Dylan publica sus tres discos más importantes (Highway 61 Revisited, Blonde on Blonde John Wesley Harding) el hombre, primero exiliado por la comunidad folk traicionada, empieza a sentirse agotado por su creciente y horroroso éxito, al grado de ser acosado y perseguido por la prensa y la crítica que cazaban, hambrientos, famélicos, cualquier frase de genio. Cansado, Dylan decide buscar caminos distintos, encontrando refugio en la tranquilidad del Country Rock. Su autoexilio de las urbes, su desintoxicación (abandona las drogas y deja de fumar) que producirá una voz más agradable, sus letras simplonas y efectivas y su desesperada búsqueda por desaparecer son los ingredientes de Nashville Skyline, un disco feliz, sano y sin pretensiones que sin embargo fue un éxito en crítica y ventas. Ante este inesperado hecho, Dylan decide, como última opción, producir lo opuesto a sus obras maestras: una obra sobre la mediocridad. Esto con el propósito de distanciarse de la fama que lo seguía persiguiendo. Su proyecto funcionó y Self Portrait sigue siendo considerado uno de los mayores mamarrachos de la historia de la música popular —aunque no es el peor disco de Dylan, quien se superaría en mediocridad en su etapa pseudo-mística—. Hubo algunos snobs, como siempre, que alabaron esta obra pensada para no gustar.

La segunda anécdota la cuenta el Anecdotario del Rock (María Enciba Caballo Blanco) y es más reciente. Al parecer Dylan es un hombre curioso por las historias y lugares de las ciudades a las que visita —ya lo he descrito en mi texto sobre Ciudad Juárez y el cantante—. Para llevar acabo su misión turística, el hombre pasea por las calles disfrazado. Otra búsqueda más por distanciarse del mundo: vagar de incógnito sin que nadie le moleste. En 2009, no obstante, la policía lo detiene por su aspecto de mendigo: “la apariencia del cantante alertó a los vecinos y llamaron a la policía denunciando que un viejo, desaliñado y sin afeitar, con actitud sospechosa estaba rondando por el lugar”. La historia tiene un final feliz cuando más tarde el mendigo pudo demostrar su identidad, pese a que los policías no lo reconocieron ni creyeron su primera afirmación cuando le preguntaron su nombre: “Soy Bob Dylan”.

Habrá que esperar si Dylan se convertirá en el tercer escritor que rechace el premio Nobel y saber sus razones. Si llegara a suceder eso, no creo que se deba a una postura moral frente a los premios, puesto que ya ha aceptado otros como el Oscar, el Príncipe de Asturias, etc. Quizá, imagino, Dylan no se siente merecedor de un premio tan codiciado. Quizá no quiere regresar al ojo del huracán que lo obligó a publicar Self Portrait. La espera es deliciosa porque quiero conocer lo que escribirá para el discurso en diciembre… o el motivo del rechazo. Después de todo, es Bob Dylan.

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Bob Dylan y Ciudad Juárez

Hace dos días leí una lista de probabilidades para el ganador del preciado Premio Nobel de Literatura y Dylan estaba hasta el fondo (aunque al hombre lo único que le faltaba era este premio). Naturalmente, mis apuestas estaban con Kundera y Adonis; pero me angustia el debate que ha generado el resultado. Lo que he visto, hasta ahora, es una visión bastante purista y soberbia de la literatura, cosa que hay que combatir siempre. Es cierto que quizá Dylan no tiene —mejor dicho, no pretende— la fuerza de otros escritores nominados (excepto Murakami), pero su aporte se me antoja más influyente, casi absoluto, puesto que su “esencia” se percibe en músicos (Waits,Cohen), poetas (Ginsberg), novelistas (Kerouac, el mismo Murakami lmao). Su influencia en la cultura popular es impresionante. En lo particular, como creador-poeta, he aprendido igual de Bob Dylan que del maestrazo Milan Kundera.
¡En fin!, hay que leer la poesía de Dylan, rica en hallazgos…

I. En 1965 Bob Dylan hizo lo que Jesucristo al tiempo: dividió la historia del Rock en un antes y un después al electrificarse. Por supuesto no había sido pionero en esas metamorfosis pero sí fue uno de los más afectados. Su renuncia a la música folk se volvió legendaria cuando su antiguo público –traicionado y sediento– acudía a sus conciertos a tratar prácticamente de crucificarlo, si hubiesen tenido la oportunidad. Registros quedaron en video, como el famoso Play it fucking loud, cuando alguien desde las butacas le grita ¡Judas!; o cuando, durante un festival de música folk, a Dylan se le ocurrió llevar una guitarra eléctrica y tocar Maggie’s Farm mientras la gente lo abucheaba y un hombre intentaba desconectar su equipo con un hacha. En fin, el daño ya estaba hecho y Dylan se había electrificado por completo al publicar a finales de agosto del…

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De lo vasto

Me encontré, escondido entre mis documentos y la basura tecnológica, este poema que deseo compartir por aquí, ya que hace bastante tiempo —meses ha— que no publico creación. Por otro lado, sería esta la entrada número 50, así que me permito la licencia de celebrar. Aquí está:

 

I. Yacer aquí donde la ciudad reposa,

vasta, sí, pero de fatuas sombras:

postes de luz, calles que despojan

vestido sucio, desnudas hojas.

 

La muerte así erige responso y risa,

ausencia en estas nuestras ruinas.
II. Todo muere bajo esfera de la noche

donde cualquier luz es apariencia.

Hasta inasible amor, nube incorpórea,

cae entre las pálidas manos de la Eterna.

 

Cuánta fragancia de lo efímero anega

los espacios del mundo que se entrega

a la hoz de mármol impaciente.

 

III. Fluye mar del desierto en puerta del desaire,

arena floreciendo las ruinas de lápidas en olvido:

nombres del desconsuelo alguna vez, ahora perdidos

bajo esta tempestad, amargo beso del ruido y el aire.

 

IV. El porvenir fue un relámpago de ausencia,

pasado será cruel recuerdo de la pereza

de tétricos dioses muertos en presente:

el alma un errar habrá sido de lo ausente.

 

V. Esta ciudad es una tumba que se expande.

El suspiro del moribundo regresa al aire.

Perseguida, el alma penetra los cuerpos

que lloran el natural pasar del tiempo.

Peregrinos andamos esperando su regreso.

 

Respiramos vestigios de los muertos,

no quedará mañana salvo el viento.