Juárez es the number one

¡Qué tal! Les comparto esta entrada que escribí sobre Juan Gabriel y Ciudad Juárez, su querida frontera, the number one.

https://videopress.com/embed/8eM5c6rZ?hd=0&autoPlay=0&permalink=0&loop=0

I. No hay día que no se hable de Juan Gabriel en los programas de chisme que ve mi mamádesde que el 28 de agosto se anunció la noticia de su muerte. Antes dedicábamos las mañanas a la contemplación de sus videos gracias al descubrimiento de youtube. Y antes, cuando estaba preparándome para ir a […]

a través de Juárez es the number one —

La violencia en la ficción no es la misma que en la realidad

I. Dado los trágicos hechos de ayer que no viene al caso describir, se han abierto varios debates que de alguna u otra forma abordan el tema de la violencia en las instituciones y en el propio sistema.

Sin embargo, creo preciso aclarar que la violencia en la ficción cumple funciones diferentes que en nuestro plano real: nos afecta de otra manera y también cada persona tiene su concepción del asunto, respetable o no.  Además, la violencia como concepto es en sí sumamente complejo y responde a cuestiones sociales, políticas e ideológicas que en este texto no pretendo desarrollar..

En primera instancia, eliminar la idea lo violento en la ficción me vuelve violento. La violencia en las películas y los videojuegos (la literatura no se ve afectada por la sentencia en cursivas) es una herramienta: entretenimiento, abstracción, diversión, etcétera. No es el fin de las películas y videojuegos de masa explorar a la violencia como idea filosófica o social: pretenden crear atmósferas realistas, impactantes. Es, entonces, un artificio. En ejemplos más afortunados, cumple con efectos estéticos. No por ello, también, deja de ser un reflejo preciso de nuestra realidad. No se puede prescindir del elemento violento, puesto que en las propias acciones hay ejercicios de violencia pasiva y activa: una historia tradicional sin acciones no cumple con su función artística o de entretenimiento.

II. Es mítico el prejuicio que tiene alguna parte de la sociedad sobre los videojuegos. Esto se debe al alcance que tiene esta industria con los niños y niñas y con los jóvenes. De ahí que los padres sientan que sus hijos se pervierten con escenas de violencia y que los medios de comunicación utilicen esta idea ya superada: los videojuegos vuelven violentos a los niños. Y quiero dejar muy en claro lo falaz que es este argumento. Siento que los videojuegos han superado el espectáculo de la violencia y han explorado otras vertientes y posibilidades. De hecho, hoy en día creo que hay pocos juegos en los que la violencia protagonice o sea relevante. En el caso famoso de los shooters, que tanta polémica despiertan, compruebo por experiencia propia que lo divertido y emocionante no es el ejercicio violento sino las estrategias y situaciones de inteligencia, trabajo en equipo y comunicación que puede ofrecer un gameplay.

La ficción no promueve la violencia, no vuelve a sus espectadores un monstruo que busca sed de sangre. Yo, que he visto y jugado películas y videojuegos aún me impacto cuando contemplo un perro atropellado en las avenidas. Me impacta bastante ver a los conductores, padres y madres de familia, estudiantes rumbo a la escuela, señoritas que se dirigen al trabajo, pasando por encima del animal hasta desentrañarlo.

No he sido deshumanizado por la ficción aún.

Lo que sí hay que criticar, puesto que es ahí donde se divulga esta idea, es la postura amarillista de los medios de comunicación, quienes se encargan de publicar en sus páginas de internet videos e imágenes (“virales”) en los que la violencia se promueve y comparte con naturaleza significativa. La diferencia es clara: esta violencia existió, fue real. Alguien resulta afectado en la escena.

Son los medios los que de alguna u otra forma deshumanizaron a los habitantes de Ciudad Juárez en donde, como dijo alguna vez Perla de la Rosa, las películas de Tarantino son ejercicios casuales que vemos cada día en las noticias. Fue tan importante este momento en la historia de la televisión local que al fin se contempló algo antes nunca visto: rating.

Ocurrió además en la realidad algo que también hay que criticar como espectadores, lectores y jugadores: el espectáculo de la violencia y la caricaturización de sus víctimas. Evitar, en fin, la costumbre. A fin de cuentas, ante estas situaciones creo que no hay necesidad de buscar una causa que las explique, porque puede no existir una.

Lo viral y el morbo

En Tesis, Alejandro Amenábar reflexiona acerca de la morbosidad que puede provocar en sus espectadores las escenas grotescas y sangrientas a las que ya nos hemos acostumbrado. Toda la película gira en torno a la idea de los videos snuff y de cómo la violencia misma puede crear adicción. No obstante, pienso yo, esto es algo que podría definir lo humano: quiero decir que si bien pareciera que el morbo llega a ser enfermizo en muchos caso, en la antigüedad las batallas de gladiadores eran un éxito porque la gente desea contemplar la muerte. Por ello que la última escena de Tesis sea notable: alienta el deseo del espectador por mirar algo morboso, como al inicio de la película en la que la protagonista se entera que el tren ha parado porque un suicida saltó a las vías y quiere ver lo que quedó.

La sobremodernidad, como Marc Augé define a nuestros tiempos, aunque no ha normalizado al morbo, sí lo ha viralizado. Todo lo que compone el internet está regido por el hastío de la realidad y hace posible que, en nuestra búsqueda de entretenimiento, contemplemos algunos ejercicios del morbo. ¿Qué sucede cuando esto va más allá, al grado de desestabilizar los principios morales de la audiencia que ha motivado los propios ejercicios? Tal es el caso de una youtuber que transmitió su suicidio por internet —no recuerdo si por youtube u otra plataforma—.

Lo que urge reflexionar no es el hecho de que las autoridades hagan hasta lo imposible por eliminar el rastro de dicho video, sino dos cosas: 1) El principio de viralidad que motivó a que esta chica decidiera transmitir su suicidio; 2) No es el primer suicidio que se transmite en vivo y se tuvo que esperar a que una menor de dieciocho años para el escándalo—en los que el hecho hizo famosos a sus trágicos protagonistas.

Las autoridades no pueden eliminar el video de internet por la demanda que rige el principio de viralidad y morbosidad: las personas quieren ver ese video y por ello se ha divulgado por todos lados. Es imposible detener lo viral, y más si a ésta la impulsa el morbo de un público cansado de lo que contempla en sus inútiles vidas: de ahí que nazca ese deseo por mirar algo distinto a lo que se ve en la televisión e incluso en youtube.

El suicidio, desde mi punto de vista, es algo sumamente complejo: las razones por las que cualquier persona decida quitarse la vida siempre escapan a mis principios éticos, morales y filosóficos. Hace unas semanas, por ejemplo, me llegó la noticia del suicidio de un amigo de la secundaria a quien le ocurrió lo contrario que a la niña del video: su muerte ha pasado desapercibida de las redes sociales; de aquellos que lo felicitan en su cumpleaños, pese a que ha muerto desde hace ya meses.

A mí no me impulsa el morbo para hablar de ello, sino el contraste. Pienso en el impulso que tienen algunos ejemplos más de suicidas que quieren volver pública su muerte: que llegue a millones de personas. Y pregunto, ¿es algo reprobable? Ni el suicidio ni la fama son del todo reprobables, aunque sí tristes. La naturaleza de la muerte, en su sentido más absoluto, es espectacular: luego, el olvido.

Por último, ¿es cuestionable el deseo de utilizar estos videos ajenos e imágenes para ganar vistas y likes y el principio inevitable del morbo que nos ha motivado a mirar y compartir dichos videos?

(Ha pasado casi una semana desde que escribí este texto y quiero puntualizar algo. El tema ha sido sobreexplotado y hay miles y miles de videos de youtubers hablando sobre el tema, algunos con mejor fortuna que otros. Lo que me interesa es esto: se ha revelado que la chica fue violada por su padrastro y que ello motivó su suicidio. Ya no se trata de una persona que vio frustrado su sueño de youtuber, como dijo Dross en un video eliminado, sino una medida desesperada: toda desesperación es liberación. Me entristece ahora más el tema puesto que ahora podemos hablar de otro todavía más grave: la cosificación de lo viral. Es decir, el ejercicio de compartir y deglutir información sensible y desestimar este conflicto de género, conflicto social también: somos testigos, pues, de cómo una mujer fue violada por mucho tiempo hasta el punto de suicidarse en vivo. Yo no tengo ningún problema con los motivos por los que la muchacha decidió transmitir el hecho; creo que ella se sentía sola y que las personas que la miraban, gracias a esa ilusión que compartimos todos de compañía en la virtualidad, era lo único que tenía. No lo sé de cierto, pero sigue siendo triste).

The Books of Magic y una comparación irremediable

Es triste e infravalorado el rico mundo de la novela gráfica. Sobre todo en el mercado. Quiero decir que me considero una persona afortunada pues logré adquirir los cuatro números limitados de The Books of Magic, una historia escrita por Neil Gaiman y que según la introducción a, es uno de los cómic más influyentes. Yo no lo sé de cierto y la verdad es que tiene poca relevancia. Mi fortuna está en la desgracia del posible lector aquí, ya que conseguir esta obra en México será hoy una hazaña extraordinaria.Por otro lado, resulta una pequeña victoria: es la primera colección que termino. La espera tras la entrega mensual, etcétera, siempre se compensa. Pero soy un lector algo impaciente y no me atreví a leerlo hasta ya tener los cuatro capítulos.

Considero que la historia es un tanto vertiginosa y bien pensada. Me gusta que Gaiman haya optado por narrar la trama del aprendizaje y la promesa en lugar de aquello que logra intuirse hacia el final:Timothy Hunter convertido en un poderoso mago. Esto sucederá en el futuro de la saga, que no he leído y hasta hace poco desconocía. Aquí en cambio se describe a un chico que sin pedirlo ni saberlo debe elegir entre el camino de la magia frente al de la razón. Al tratarse de una fábula de iniciación Gaiman aprovecha para hacer lo que mejor sabe: exprimir su imaginación e inventar toda una genealogía e historia de la magia. Por esta razón el primer libro-capítulo funciona de maravilla: se trata de una introducción a las vertientes de la magia; el lector aprende junto al joven Hunter, se vuelve cómplice de la incertidumbre y escepticismo del chico. Al final se duda de la existencia de ese mundo invisible para la razón, sólo accesible con los ojos de la fe.

No hay placer más allá que la del conocimiento en The Books of Magic. Curiosamente lo que a mi gusto está peor llevado son los conflictos. Y no por que lo que se cuenta sea poco interesante, sino por cuestiones rítmicas: todo sucede tan rápido que el peligro deja de importar. Esto sucede sobre todo en el segundo libro, “El mundo de las sombras”, que si bien John Constantine con su carisma y cinismo es lo más destacable, la conclusión resulta forzada e incluso tonta. Afortunadamente para nosotros, los últimos dos capítulos de la historia son maravillosos. De hecho, me es indiferente lo previsible que es el hecho de que el ciego esté cerca de asesinar a Hunter, porque se siente tensión y fuerza en los dibujos y colores, que mejoran lo acuoso aunque novedoso de las dos entregas iniciales.

Ahora bien, ¿cuál es la comparación irremediable? La razón por la cual muchos fans de esta novela gráfica detestan Harry Potter. Y es que si bien Gaiman ha señalado que nada tiene que ver la aventura de Hunter frente a la de Harry, hay cosas bastante interesantes dejando de lado la estúpida discusión de quién es mejor. Leo la influencia de Gaiman en La piedra filosofal, y no me resulta sorprendente pensar que Rowling se haya inspirado en la descripción física de Hunter para la de Harry. Y aunque el primero no tenga el carisma de Potter, cierto es que sus dudas existenciales y las peripecias que vive son algo parecidas a las del mago de Hogwarts: ambos son elegidos, ambos deben elegir entre la fe y la razón y hay un loco poderoso que desea asesinarlos para establecer cierto orden.

La verdad es que de ahí en más, Gaiman tiene razón: Harry Potter es la historia sobre el crecimiento y la amistad; Timothy Hunter es el acercamiento y aprendizaje hacia el corazón de la magia. Allá la magia es algo que se asume y vive; aquí, algo que se busca o evita, que confirma la realidad invisible, cuyo origen está en el principio del tiempo y el caos y cuyo fin es La Muerte y El Destino.

the-books-of-magic-01

Las voces prometedoras de la poesía contemporánea mexicana terminaron conmigo

Este texto generaliza algunas cosas y poco importa.
I. Hace unas semanas apareció en Cultura Colectiva un listado de 10 poetas jóvenes mexicanos que debes conocer tú que no estás leyendo esto. O sea, era uno de esos textos que te exigen un click generoso para regalarte el vacío. La leí con cierto desinterés y terminé decepcionado como siempre: ese arrepentimiento tan común al abrir algo que no queríamos pero el hastío se impone siempre. Si esta es la poesía del futuro, es mejor abandonar el país o dejar que la violencia o Peña Nieto hagan lo suyo. El autor de la lista, Diego Ceras, hace hasta lo imposible por vender la promesa, informando los premios que estos poetas han obtenido, las trayectorias tan ilustres y dignas, los reconocimientos ejemplares que el gobierno de tal estado les ha dado. Todo iba bien hasta que transcribe fragmentos de la poesía de las grandes promesas del genio mexicano:

 

El tabú femenino:

lo que oculta la mantilla, separa y corta;

llega cada mes

la mujer que complementa al monstruo

la transgresión ¿Lilith? ¿Medea

(César Bringas, ganador del premio a la mayor decepción que he tenido)

Otro asunto lamentable es que el autor de la lista, quizá haciéndole el favor a una amiga, recomienda a alguien que no tiene obra, a no ser que consideremos un planquette como tal y no un rico desayuno extranjero. Eso se perdona cuando la poesía de la chica del desayuno escribe mejor que la que publica en Tierra adentro:

Muchas dudas muchas interrogantes muchas

obviamente siempre están las preguntas
a. qué pasó b. por qué
entre mis múltiples respuestas me encontraba que
/lo tenía borrado en el cassette, eh,
lo tenía pero borrado/
eso también lo recordé hace poco/
que una vez la encontré que estaba rompiendo foto

(Yolanda Segura)

Aquí el link para que se degusten con los demás que no merecen el espacio de mi blog: http://culturacolectiva.com/poetas-mexicanos-que-debes-conocer/

 
II. Lo deprimente ya lo he escrito antes, cosa que me obligó a escribir algo de crítica (para que me dijeran poeta frustrado): lo malicioso que es el medio, lo triste, lo mentiroso y desleal y asqueroso y pedante y estúpido. Pero eso nunca será suficiente. Todo está perdido cuando sabes que la literatura es un negocio más, una cadena de oración en Facebook para que te unas a este ejercicio del vacío y dale like y comparte.
 
Aquellas ratillas están aferradas con uñas y dientes a los programas de becas y a los premios, a las recomendaciones de las páginas populares que nadie lee pero todos comparten, al gobierno que rige la poética contemporánea. No resulta sorprendente, puesto que nuestros poetas y narradores reconocidos son unos hipócritas. Por ejemplo, Elsa Cross, quien escribía con ese fervor apasionado e indignado de quien escribe poesías sobre Ayotzinapa aceptó un premio entregado por el mismo Peña Nieto. ¿Ironía o cinismo? Para eso se escribe poesía hoy en día: ganar premios y becas, reconocimiento y dinero.
 
Esta poesía de lo light y lo intrascendente, ya lo expuse, te la venden como una promesa. Cada año, en las listas de “los mejores libros” aparecen ahí sin el mérito literario, sin méritos estéticos, con la sorpresa de sus padres y padrinos. Sin embargo hay que ver cómo son estas listas: reediciones de autores consagrados, antologías de autores muertos, el libro de poesía de fulano o sutano. Quienes escriben las listas no saben ni qué libro publicado en 2016 deben recomendar, de qué amigo deben acordarse, a quién le deben un favor. Todo se siente desalmado.
 
Luego se quejan de que las personas prefieran libros de autoayuda o de youtubers, que la poesía escrita por Dante Tercero o Ashauri López sólo la pueden comprender ciertos afortunados: los elegidos, les llaman los editores de Cultura Colectiva. (Me parece lamentable que yo conozca estos nombres de memoria.) Tan siquiera los youtubers son honestos con el propósito de sus libros. Nunca ocultan sus deseos de ganar lana y lo hacen sin la pretensión de estos escribidores y poetastros.
 
Soy algo ingenuo, algo soñador, pero como muchos me han comentado, también soy sumamente exigente e injusto. Me gustaría ver a la literatura ganar al menos en una ocasión pero este ambiente, que lleva quizá décadas, jamás lo permitirá.