Lo viral y el morbo

En Tesis, Alejandro Amenábar reflexiona acerca de la morbosidad que puede provocar en sus espectadores las escenas grotescas y sangrientas a las que ya nos hemos acostumbrado. Toda la película gira en torno a la idea de los videos snuff y de cómo la violencia misma puede crear adicción. No obstante, pienso yo, esto es algo que podría definir lo humano: quiero decir que si bien pareciera que el morbo llega a ser enfermizo en muchos caso, en la antigüedad las batallas de gladiadores eran un éxito porque la gente desea contemplar la muerte. Por ello que la última escena de Tesis sea notable: alienta el deseo del espectador por mirar algo morboso, como al inicio de la película en la que la protagonista se entera que el tren ha parado porque un suicida saltó a las vías y quiere ver lo que quedó.

La sobremodernidad, como Marc Augé define a nuestros tiempos, aunque no ha normalizado al morbo, sí lo ha viralizado. Todo lo que compone el internet está regido por el hastío de la realidad y hace posible que, en nuestra búsqueda de entretenimiento, contemplemos algunos ejercicios del morbo. ¿Qué sucede cuando esto va más allá, al grado de desestabilizar los principios morales de la audiencia que ha motivado los propios ejercicios? Tal es el caso de una youtuber que transmitió su suicidio por internet —no recuerdo si por youtube u otra plataforma—.

Lo que urge reflexionar no es el hecho de que las autoridades hagan hasta lo imposible por eliminar el rastro de dicho video, sino dos cosas: 1) El principio de viralidad que motivó a que esta chica decidiera transmitir su suicidio; 2) No es el primer suicidio que se transmite en vivo y se tuvo que esperar a que una menor de dieciocho años para el escándalo—en los que el hecho hizo famosos a sus trágicos protagonistas.

Las autoridades no pueden eliminar el video de internet por la demanda que rige el principio de viralidad y morbosidad: las personas quieren ver ese video y por ello se ha divulgado por todos lados. Es imposible detener lo viral, y más si a ésta la impulsa el morbo de un público cansado de lo que contempla en sus inútiles vidas: de ahí que nazca ese deseo por mirar algo distinto a lo que se ve en la televisión e incluso en youtube.

El suicidio, desde mi punto de vista, es algo sumamente complejo: las razones por las que cualquier persona decida quitarse la vida siempre escapan a mis principios éticos, morales y filosóficos. Hace unas semanas, por ejemplo, me llegó la noticia del suicidio de un amigo de la secundaria a quien le ocurrió lo contrario que a la niña del video: su muerte ha pasado desapercibida de las redes sociales; de aquellos que lo felicitan en su cumpleaños, pese a que ha muerto desde hace ya meses.

A mí no me impulsa el morbo para hablar de ello, sino el contraste. Pienso en el impulso que tienen algunos ejemplos más de suicidas que quieren volver pública su muerte: que llegue a millones de personas. Y pregunto, ¿es algo reprobable? Ni el suicidio ni la fama son del todo reprobables, aunque sí tristes. La naturaleza de la muerte, en su sentido más absoluto, es espectacular: luego, el olvido.

Por último, ¿es cuestionable el deseo de utilizar estos videos ajenos e imágenes para ganar vistas y likes y el principio inevitable del morbo que nos ha motivado a mirar y compartir dichos videos?

(Ha pasado casi una semana desde que escribí este texto y quiero puntualizar algo. El tema ha sido sobreexplotado y hay miles y miles de videos de youtubers hablando sobre el tema, algunos con mejor fortuna que otros. Lo que me interesa es esto: se ha revelado que la chica fue violada por su padrastro y que ello motivó su suicidio. Ya no se trata de una persona que vio frustrado su sueño de youtuber, como dijo Dross en un video eliminado, sino una medida desesperada: toda desesperación es liberación. Me entristece ahora más el tema puesto que ahora podemos hablar de otro todavía más grave: la cosificación de lo viral. Es decir, el ejercicio de compartir y deglutir información sensible y desestimar este conflicto de género, conflicto social también: somos testigos, pues, de cómo una mujer fue violada por mucho tiempo hasta el punto de suicidarse en vivo. Yo no tengo ningún problema con los motivos por los que la muchacha decidió transmitir el hecho; creo que ella se sentía sola y que las personas que la miraban, gracias a esa ilusión que compartimos todos de compañía en la virtualidad, era lo único que tenía. No lo sé de cierto, pero sigue siendo triste).

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