Un año de Memorias del Zapallo

Generalmente los blogs son ejercicios del instante. El instante, como herramienta filosófica del tiempo, siempre será efímero. Sin embargo, pese a lo poco que he publicado en estos últimos meses, Memorias del Zapallo cumple un año. Siendo sincero, nunca creí pasar de los seis meses. Me he encariñado tanto con este blog que cada día que paso sin publicar es un proceso doloroso.

Todos los días pienso en agregar algo aquí, sin éxito. Tantas cosas que exponer, que discutir, que charlar. De esta manera nació la necesidad por divulgar mis opiniones sobre literatura y ocio. Siento que he cumplido, no obstante, mi propósito: crear un espacio para mí y los libros que leo.

Quizá lo más bonito de este año fue contemplar el impacto que tuvieron las Memorias en el ambiente cultural de mi ciudad. Me satisfizo observar cómo, progresivamente, en silencio, amigos y amigas, conocidos y conocidas, abrieron o regresaron a sus espacios blogueros para iniciar sus propios proyectos, con perspectivas distintas a la mía. Así me di cuenta que esta idea no fue vacía. Y espero que esto no desaparezca, aunque yo deje de publicar.

La ironía está en que este blog recibe más visitas cuando yo desaparezco.

Por último, Memorias en el presente simboliza para mí un espacio de catarsis. En este momento sentía una necesidad enferma por escribir algo, cualquier cosa. Ni siquiera es el aniversario preciso del blog. Eso creo que es la próxima semana. No lo sé de cierto. Poco importa.

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El que indica

Muchos amigos (en facebook) me han pedido que les role (facilite) el cuento que recibió una mención en el blog de Alberto Chimal. La dinámica de este concurso es sencilla: imaginar una historia corta a través de una fotografía.

Sin más, aquí les dejo el relato para que no batallen.

El que indica

I. Atravesaron el muro durante la madrugada. Alguien se quejaba de haber olvidado el sombrero. Otros hablaban de la inmensidad del desierto, de la tristeza de no haber visto nunca el mar, de la imagen poderosa de los tranvías y los edificios en las grandes ciudades de allá. Todo descrito como una mezcla entre seriedad y ensueño.

Al mediodía se detuvieron un momento debajo de un árbol: la civilización no estaba lejos, una hora de camino, quizá dos, puedo oler ya los ranchos, la obra, alguien decía mientras tragaba sotol. Otros discutían sobre el recurso de las horas y el clima extremo: Cuando lleguemos el tiempo y la tierra seguirán en los ojos. El más joven, aburrido, dibujaba círculos con el pie, luego con el índice: rostros sin expresión que serán borrados por la tormenta de la noche, casas deshabitadas, figuras tal vez humanas.

II. Escucharon un ruido de multitudes. Observaron al sujeto encima de una colina que los señalaba con el índice, con firmeza, con esa seguridad de quien ha gritado una maldición. Los hombres sobre ellos murmuraban algo que no entendieron. Se sintieron ofendidos. No dijeron nada. La mirada cada vez más intensa, pero no dijeron nada cuando los hombres gritaban con más fuerza: voces rasposas y bestiales, primitivas.

De nuevo el índice álgido y estupendo que sobrellevó al silencio de todos. Luego un disparo y otro, otro.

Empezaron a correr levantando una tolvanera, menos el joven, que siguió dibujando círculos hasta que una sombra de arena se posó sobre sus hombros.

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