Distancia de rescate, Samantha Schweblin

Distancia de rescate (2014) es una novela corta extrañísima. Podría hermanarse al género del terror psicológico, aunque termina por ocultar una profunda denuncia ambiental. La historia resulta trepidante. El misterio está siempre presente hasta el punto final. Sin duda, la narración lleva al lector hacia donde ella quiere, se atreve a jugar con los tiempos, las voces y los diálogos. Puede resultar confuso, sin embargo, la historia siempre entrega algo de interés: una imagen, una reflexión, algo de poesía. Cada personaje resulta atractivo porque les rodea un aura de enigma y engaño.

En la cuestión espacial, pareciera como si a todos los habitantes de ese sitio rural les hubiese abandonado todo rastro de humanidad, felices de su destino triste. Son atacados por una peste que afecta al corazón de los niños y que habita en el agua: “Son chicos extraños […] Chicos con deformaciones. No tienen pestañas, ni cejas, la piel es colorada, muy colorada, y escamosa también”. De acuerdo con la autora, la intención era “implantar una alarma en el lector sobre el problema de las fumigaciones en los campos argentinos”. No obstante, la narración es lo suficientemente inteligente como para vincular este fondo ambiental con la tradicional idea de la maldición: “Carla cree que todo es culpa suya, que cambiándome esa tarde de un cuerpo a otro cuerpo ha cambiado algo más. Algo pequeño e invisible, que lo ha arruinado todo […] Esto no es culpa de ella. Se trata de algo mucho peor”. Como revela David, hijo de Carla, los niños no solamente se intoxican con el agua del hogar. Nacen intoxicados porque sus madres inhalaron ese aire maldito.

La novela está atravesada por la cuestión de la maternidad, aquí abordada desde el sentimiento de la pérdida. Carla cuenta cómo su hijo David ha perdido la inocencia. Esa enfermedad le ha destruido el corazón. Ciertamente hay un aura de terror en la idea de romper la llamada distancia de rescate. Carla pierde a su hijo y a la vez gana otro, una presencia fría y triste que, a su vez, nos ayuda a recuperar, de a poco, la historia de Amanda. Varias claves de la novela se encuentran en lo que la protagonista considera  la distancia de rescate: un estado de alarma, “ir por delante de lo que podría ocurrir”, “esa distancia variable que me separa de mi hija”. También funciona como una herencia: “mi abuela se lo hizo saber a mi madre, toda su infancia, mi madre me lo hizo saber a mí, toda mi infancia, a mí me toca ocuparme de Nina”. El conflicto de la historia está anclado en aquello que amenaza a esa distancia, algo terrible que puede suceder en cualquier momento.

Distancia de rescate podría ser una novela perfecta. Su brevedad y buen ritmo, aunado al hecho de que es una historia demasiado atractiva con una atmósfera envolvente, la transforman en una lectura gozosa. Sin embargo, pienso que es un libro tramposo. Utiliza demasiadas licencias estructurales y narrativas para entregar información al lector. Sobre todo hacia el final, cuando el punto de vista de Amanda es abandonado para que se pueda conocer su destino y el de Nina. La estructura narrativa sirve no en función de lo literario sino de la necesidad por resolver los cabos sueltos que puedan quedar en el lector. La narración entrega de más. Y ciertamente es una novela que se sobre explica cuando no debe. Aun así, pienso que son más sus virtudes y sin duda Samantha Schweblin entrega una historia notable donde los clásicos elementos del terror se mezclan de manera afortunada con la denuncia política.

Samantha Schweblin, Distancia de rescate. Almadía, México, 2019.

No leí esta edición, pero esta es la mejor portada que ha tenido este libro. Creo.

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