Los recuerdos del porvenir, Elena Garro

I. El centenario de Elena Garro, una de las mejores escritoras mexicanas de todos los tiempos, está pasando desapercibido, pese al drama del cintillo que nos “reveló” una verdad: el desapego de las editoriales con lo que pretenden vender. Desde hace tiempo quería hablar de la crítica que ha aparecido sobre la obra de Elena y lo cierto es esto: que no hay crítica sobre ésta, sino puntos de vista a cerca de la vida de Garro. Me parecen lamentables estos intentos por otorgar “dignidad”, rendirle “respeto” a través de comentarios vacíos que la escritora sabe, leyó o escuchó a cerca de Garro. Por ejemplo, la crítica feminista no le ha valorado más allá de haber sido una mujer que escribía. ¿Qué escribía? Es una de las cuestiones que jamás buscan responder: su trabajo versa en el intento de la denigración de Octavio Paz, provocando que toda la obra de Garro pase a un segundo plano. En los últimos años la crítica feminista ha optado por el discurso de las personas, por comentarios que también son verdades conocidas (decir, por ejemplo, que Neruda y Paz fueron machistas) y por la mala lectura con tal de confirmar posturas personales: ese papel de defensoras de la obra de tal es absurdo, porque no defienden la obra sino una postura personal que ven reflejada en la vida de otro, en este caso Elena Garro. El ejemplo esencial es el cintillo: nadie habló de la obra de Garro ahí expuesta, sino del drama, de la persona. Pocos y pocas hablan de sus novelas y cuentos, todos maravillosos, producto de una artista que supo exponer de forma magistral el axioma también hay poesía en la prosa. Mas muchos y muchas dedican páginas y artículos olvidables a su relación con Octavio Paz, el degenerado, el hombre: ¿no es esto algo parecido al estúpido cintillo? Infravalorar a Octavio Paz, un poeta genial, es también infravalorar la escritura de Garro, quien sufre la influencia no sólo de Paz, sino de toda una generación de escritores y escritoras estupendos: Alfonso Reyes, Juan Rulfo e incluso Nellie Campobello (nótense los parecidos críticos entre Cartucho y Los recuerdos del porvenir. La crítica feminista, la crítica de Elena Garro, está pasando de largo lo más importante: Elena Garro, Josefina Vicens, Rosario Castellanos, Inés Arredondo, Nellie Campobello y Amparo Dávila publicaron quizá las mejores obras del último siglo. Y la más poderosa es Los recuerdos del porvenir.

II. Los recuerdos del porvenir se considera precursora del realismo mágico y, siendo sincero, me parece que más precisa que 100 años de soledad de García Márquez en el acto de perfilar el nacimiento y destino de una dinastía o familia de “héroes” que mantiene una íntima unión con la conciencia del espacio, del pueblo Ixtepec, así como con la vida y muerte de sus habitantes. El logro de Garro sobre la obra de Márquez es asumir una presencia absoluta como narrador: el espacio mismo, quien contiene la memoria de todos sus personajes, ya extintos. Irónico que el espacio sea contenido en el vacío: una extensión del olvido humano.

Novela sobre la memoria y el tiempo no sólo del olvido de un pueblo, sino del caótico México durante la guerra cristera: México siempre bíblico y bifurcado; como Jano, dos rostros contemplan distintos horizontes; están unidos desde sus propias contradicciones. Y aquí es donde Los recuerdos del porvenir se introduce en una tradición de novelas sobre la identidad mexicana: aquí prescinde del monstruo de las ciudades, buscando retratar la vida de esos pequeños pueblos que son arrasados por la tempestad de las circunstancias trágicas: lugar dispuesto para el héroe que se sacrifica, para el amor mortal, fantástico como todo amor, y para la memoria del porvenir.

Las primeras líneas de un libro por lo general definen los elementos de su esencia. Los recuerdos del porvenir tiene uno de mis comienzos favoritos, donde se condensan los dos elementos más importantes de la novela: la memoria y el recuerdo del instante futuro. Toda memoria está condenada a una ilusión del tiempo, a una experiencia de lo invisible:

Aquí estoy, sentado sobre esta piedra aparente. Sólo mi memoria sabe lo que encierra. La veo y me recuerdo, y como el agua va al agua, así yo, melancólico, vengo a encontrarme en su imagen cubierta por el polvo, rodeada por las hierbas, encerrada en sí misma y condenada a la memoria y a su variado espejo. La veo, me veo y transfiguro en multitud de colores y de tiempos. Estoy y estuve en muchos ojos. Yo sólo soy memoria y la memoria que de mí se tenga.

La personaficación espacial puede englobar la presencia de un México cómplice de nuestros pecados y tragedias, asentado en la nada y “melancólico” al encontrar su imagen en el polvo, las hierbas, “encerrada” y “condenada”: es decir, una magnificación del vacío, pasaje de lo desolado.

Al recuperar la memoria dual del ser mexicano, es decir el moderno y el prehispánico, la novela expone su postura frente al devenir, la tempestad identitaria que por aquel tiempo Josefina Vicens retrataría en El libro vacío: aquí la memoria del hombre cotidiano, no ya del héroe, es atormentada por un deseo de fijarse en la historia. ¿No es la literatura fantástica una duplicación de la novela existencial? O sea, no hay nada más fantástico que el absurdo de la existencia…

III. Hay algo en lo que estoy de acuerdo con la crítica de Garro: es sumamente vergonzoso que hasta hace poco la obra de Elena Garro fuese tan difícil de conseguir. Y esto es más grave que el cintillo editorial: habla de la indiferencia de las grandes editoriales por reeditar por su centenario la obra completa de Garro. Aquí la comparación es lamentable pero necesito hacerlo: durante el centenario de Paz, su obra, que también era difícil de conseguir, se reeditó y difundió, facilitando su acceso y memoria. Es urgente, pues, que se haga lo mismo con Elena: que se publiquen de nuevo sus novelas y cuentos menos conocidos, sus ensayos y poesía, de los que nadie habla (¡porque no hay material!) y su obra teatral. Confío en que se hará, porque hay interés en la figura fascinante de ella como escritora, más allá de dramas y polémicas: aún guardo la esperanza en el porvenir.

9786070710018

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