Harry Potter y la piedra filosofal

La saga Harry Potter tiene la virtud de haber creado un fenómeno literario en plena crisis lectora, pese a las opiniones de críticos estancados en su canon como Harold Bloom. Muchos jóvenes y niños de entonces —ahora de mi edad— empezaron a leer gracias a las aventuras del mago. En ellos hay amor y nostalgia: el amor del primer libro; la nostalgia de la infancia. Además es posible que Harry Potter haya sido junto con Game of Thrones los últimos “prodigios” mundiales antes de la llegada súper influyente de Internet. Curiosamente el regreso de Harry Potter este año con The Cursed Child no se siente tan poderoso como lo fue en su momento.

Yo, sin embargo, de niño, ni las películas había visto por un “trauma”: en la primaria me molestaban mucho porque me decían Harry Potter. Así que nunca se me antojó ver las películas (mucho menos leer los libros) por miedo a verme caricaturizado. Hasta relativamente hace poco vi todas las películas y leí La piedra filosofal, así como esa pequeña joyita de Los cuentos de Beedle el Bardo.

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Tengo una interpretación de esta primera entrega-introducción a la saga de J.K. Rowling: se trata de una exaltación al mundo de la imaginación, donde podemos ser libres, alejarnos de la tragedia del vivir cotidiano e invocar la magia de lo imposible. Los tíos de Harry representan esa sociedad de plástico, unidimensional, aburrida. Harry necesita una metáfora e inventa el mundo mágico para escapar y así evitar el más grande vicio del mundo moderno: el hastío.

(Visto desde esta perspectiva es triste, puesto que al ser un niño solitario inventa también a sus amigos.)

Obviamente, los muros imaginarios y la abstracción que hemos erigido se vienen abajo con los elementos de la muerte y el mal, las tentaciones de lo prohibido: todo esto ocurre en los siguientes libros. La saga termina cuando Harry crece (si no me equivoco, tiene 18 años en su enfrentamiento con Voldemort).

Quizá por ello las personas que vivieron y crecieron en ese mundo mágico (yo ya estoy grande, pero sigo siendo un niño que reseña videojuegos en lugar de libros…) se atrevieron a una cosa que frente a la tecnología y la deshumanización del ser humano pareciera imposible: imaginar.

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