Alexis o el tratado del inútil combate, Marguerite Yourcenar

Un ejemplo teórico que me gusta compartir es la tesis de Piglia sobre un buen cuento, aunque aplicable a cualquier forma literaria. Una narración ejemplar siempre cuenta dos historias. A saber, un conflicto visible y otro, por lo general, escondido. Una obra narrativa de calidad ofrece un placer al lector atento que logra interpretar sus secretos. Esta sensación destaqué al final de Alexis o el tratado del inútil combate, la primera novela de Marguerite Yourcenar, publicada en 1929.

Alexis escribe una carta a Mónica donde explica los motivos por los cuales él la abandona. Han formado una familia, pero Alexis tiene un conflicto interno que la novela no revela en un principio. Un conflicto de identidad, un combate inútil: ahí está la segunda historia. En un principio, creía que era una tendencia hacia ciertos vicios carnales, velados por el decoro de la carta: infidelidades y engaños pasionales, lugares comunes de la novela occidental. Al final, Alexis oculta en su texto (y Yourcenar también a la censura más distraída) que es homosexual: hay detalles, hay chispazos de honestidad. De esta manera, la autora construye a su personaje: un ser frágil y tímido que no puede develar del todo quién es. Alexis es un personaje que ha negado su identidad: un acto de no-nombrarse. De ahí que más que ser una carta para Mónica, el texto cumple una función de expiación para Alexis: se trata también de una carta dirigida hacia él.

Esta lectura me parece original, pues leemos cómo Alexis, un personaje con cierta tendencia a la enfermedad y el sufrimiento, ha sido obligado a representar una escena: pertenecer a la “vida normal” de la época. Se casa con una mujer rica. Forma una familia. Naturalmente, ello aumenta su angustia existencial. La ama, mas como se ama a una amiga, a una compañera. También observo una crisis personal desarrollada en esta crítica de Yourcenar a la “naturalidad” impuesta por la clase burguesa de principios del siglo XX, ya en decadencia: una época de princesas y reyes, en ese momento casi desaparecida. ¿Cómo encaja Alexis, él que es huérfano y «desnaturalizado» de sus deseos? La escritura de Alexis, vinculada también a su condición de músico y su sensibilidad a la experiencia estética, funge aquí como un ejercicio confesional, sí, pero también un acto libertario para sí mismo y, sobre todo, para Mónica. El desenlace es la aceptación: dejar de estar enfermo, dejar de sufrir. Ser libre.

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