Pelea de gallos, María Fernanda Ampuero

Pelea de gallos (2018) es el primer libro de cuentos de María Fernanda Ampuero. Subrayo dos cosas: 1) su sentido de lo horrible; 2) la solidez de la propuesta. No hay momento en el libro donde no se haga una observación inteligente sobre la crueldad. Una crueldad a la que están sometidas las mujeres que habitan sufriendo el libro. Los personajes femeninos que erran estas páginas combaten su soledad y miedo desde una inocencia ya perdida: las situaciones que les aquejan terminan por corromperles o destruirles. La narradora no se censura al momento de describir incestos, deyecciones, sangre menstrual y relaciones abusivas. Todo ello desemboca en una poética personal sobre el terror urbano, que inscribiría a Ampuero en esta narrativa latinoamericana que desde el realismo sucio busca exponer los vicios que aquejan a la modernidad (desde Rubem Fonseca hasta Mariana Enríquez). Por supuesto que detrás yace una profunda crítica a las estructuras que rigen nuestra modernidad, como lo hetero-patriarcal, la misoginia, el racismo y las brechas entre clases sociales.

Un ejemplo de esta poética terrible desarrollada por Ampuero es el cuento inicial “Subasta”, donde una mujer recuerda su infancia para luego narrar que está siendo subastada después de haber sufrido un secuestro. Es un cuento que habla sobre monstruos. En “Subasta”, el monstruo no es un ser aterrador sino una persona vulnerable que utiliza el asco de los demás para salvarse: cuando niña, del acoso sexual; cuando adulta, de la violación y tal vez la muerte: utiliza su organismo para salvarse. Resulta aterrador también pensar que los hombres encuentran repugnante que una niña se cubra sus genitales con gallinas decapitadas, pero normalicen la causa de esa acción: el acoso sexual y la pedofilia.

La construcción de escenarios y atmósferas incómodas serán constantes, como sucede en “Monstruos”. Leemos que una empleada doméstica les advierte lo siguiente a dos niñas a las que les ha llegado recién la regla: “Ahora sí que teníamos que cuidarnos más de los vivos que de los muertos, que ahora sí que teníamos que tenerles más miedo a los vivos que a los muertos” (p. 23). El terror nuevamente no se encuentra en una experiencia paranormal. Se manifiesta, en cambio, en la violación que comete el padre hacia esa mujer. Lo terrible también acontece como una revelación: dicha violación será descubierta por las niñas al final del cuento: “Ahora son mujeres —dijo—. La vida ya no es un juego” (p. 23).

En la última frase, se vislumbra otro de los temas que estructuran Pelea de gallos: el fin de la niñez. La infancia de estas niñas generalmente concluye con un evento ya sea traumático o en su defecto violento, como sucede en “Griselda”, mi cuento preferido del libro. La narradora recuerda que cuando niña vivía en su barrio doña Griseldita, quien hacía pasteles maravillosos y pulcramente ornamentados. El cuento termina con un acontecimiento violento que irrumpe en la infancia y la corrompe y destruye: “Mis siguientes cumpleaños tuvieron una torta redonda, de mierda, pero a mí, la verdad, eso ya no me importaba” (p. 30).

Me gusta cómo Ampuero maneja con gran versatilidad la focalización en sus narraciones. Por ejemplo, el sino trágico de Griselda es recordado por una niña que más bien intuye lo que sucedió. Así será en varios cuentos, como “Coro” y “Ali”, donde ya se observa una marcada denuncia política y una crítica a los privilegios de la clase burguesa, insensible, racista, cruel: las verdaderas monstruosidades las permite la alta sociedad citadina.

“Otra”, el cuento final, se antoja una suerte de salvación después de haber desarrollado todo tipo de escenarios terribles. En él se describe a una mujer que en la línea del supermercado reflexiona sobre su matrimonio violento y tóxico en donde el varón asume un control obsesivo en los detalles. El desenlace es una transgresión pequeña, pero destacable: romper ese control y asumir el riesgo que hay en la libertad. Quizá Pelea de gallos pudo haber tenido un final más espectacular y terrible, acorde con la propuesta general. Para mí este cierre representa un alivio casi ontológico. Pensar que una de esas mujeres pudo romper con el horror cotidiano es sin duda un motivo para la esperanza.

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María Fernanda Ampuero, Pelea de gallos. Páginas de espuma, Ciudad de México, 2018, 115 pp.