La Haine: ensayo en 24 tiempos

  1. Hay una dedicatoria que funciona como epitafio: “Esta película está dedicada a los que murieron durante su rodaje”. Surgen los rostros del disturbio: difuminados, anónimos. El epitafio apunta a una masa donde se encuentra el giro moral de La Haine: un joven que es golpeado hasta el coma. Es la hora del desastre. La violencia, producto del odio, hacia aquellos que combaten las piedras con armas.
  2. Un hombre cae del quinto piso. Qué hacía ahí poco importa. Por qué cayo es una cuestión sincera, pero irrelevante. Según cae nuestro hombre se repite sin cesar para tranquilizarse: “hasta ahora todo va bien”. Pero lo importante, eso sí, no es la caída, sino el aterrizaje.
  3. Repertorio del caos: el esqueleto de un auto aún en llamas, una marcha desde el silencio, la serenidad de estatua de los policías, el baile gelatinoso de los jóvenes, gente que huye, policías que persiguen, puños contra macanas, ventanas rotas, el flash de las fotografías, un hombre herido que es arrastrado ante la multitud, Bob Marley and the Wailers.
  4. En las noticias: Abdel Ichaha sigue bajo observación en el hospital. Está en coma luego de ser golpeado por un policía. Alguien apaga la televisión. Sale a las calles y roba una pistola.
  5. La historia inicia donde termina: Said contempla hacia la cámara y escucha una detonación. Pero aquí se presentan las imágenes de una sociedad que regresa pacíficamente a las calles; los edificios los reciben con las cicatrices del fuego; hay una muralla policiaca, absorta, ellos como máquinas. Alguien deja un mensaje para el enemigo en los monstruosos vehículos blindados: “Said jode a la policía”. Se nos presenta este personaje que habita para siempre la calle. Su hogar es elidido, jamás retratado en imágenes. Es árabe.
  6. Vinz se mira en el espejo e imita a Travis en aquella célebre escena de Taxi driver. Are u talking to me? Se nos perfila su dimensión agresiva, su vinculación hacia el odio y la violencia. Admira sin duda la psicosis del personaje de Robert De Niro, su afiliación por la justicia a manos de él mismo, su destino al hacer justicia gracias al “mal”. Los dedos apuntan hacia la cámara y se escucha un disparo que podríamos definir como profético: uno que él no hará jamás. Es judío.
  7. En la oscuridad se escucha el ritmo de los golpes hacia un saco. Sereno, Hubert ha perdido en el disturbio uno de sus espacios predilectos: el gimnasio. Ahí lo encuentran Vinz y Said, desahogando su odio, en un perfil de resignación, una violencia medida, casi matemática o musical. Ha buscado un cambio. Siempre es razonable. Es la antítesis de Vinz. Lo veremos en su casa, leyendo, escuchando música, abstraído por la comodidad de su espacio. Es negro.
  8. A los tres los une: a) la indignación; b) su juventud e inexperiencia; c) la marihuana; d) una visión desencantada de la realidad; e) el deseo hacia la destrucción del orden; f) la belleza de un arma de fuego robada; g) el miedo al orden; h) un lenguaje agresivo.
  9. Los espacios han sido violentados y solo queda el refugio de las azoteas. Pero la policía tiene prohibido habitar las azoteas. No más porque sí.
  10. Durante la primera parte del film se anuncia reiterativamente el robo de un arma. Nos damos cuenta que Vinz la tiene, generando admiración por parte de Said, pero miedo e incomodidad por parte de Hubert. Es la primera separación del grupo debido al arma que jamás será disparada, pero que será una constante amenaza: fascina, divide.
  11. La violencia de nuestros personajes es reflejada sobre todo en su lenguaje “contaminado” por el odio: en el hospital, al visitar a su amigo en coma, terminan enfrentándose a palabras con los policías; entre ellos discuten sobre si es razonable el odio o si el odio se justifica con la violencia en virtud de una idea maquiavélica del bien y el mal; en la galería de arte el lenguaje artístico de las obras es violentado al final por el escándalo; asimismo, las mujeres que son tratadas con cordialidad y seducción en un principio terminan agredidas por las palabras de nuestros protagonistas.
  12. En un pequeño disturbio donde el hermano de Abdel dispara al detective con una escopeta, el enfrentamiento termina en una huida por las estrechas calles de París. Al verse emboscados Vinz y Hubert por un policía, Vinz apunta con odio y miedo su arma: el terror en los ojos del orden se ve salvado por la violencia de Hubert, quien lo derriba con un golpe de boxeador en la nariz. Logran escapar y el policía sobrevive.
  13. Escena clave de la película: la dialéctica moral entre Vinz y Hubert, con Said contemplando desde el silencio. En un espectacular juego de reflejos (el desdoblamiento múltiple de los personajes, sus diversas caras) Vinz y Hubert se enfrentan e insultan: “Si hubieras ido al colegio sabrías que el odio atrae al odio” con la consiguiente respuesta de Vinz: “Yo no he ido al colegio, soy de la calle, y eso me ha enseñado que si ofreces la otra mejilla te dan por culo, así que déjame en paz”. Justo cuando la intensidad parece desembocar en un enfrentamiento destructivo, aparece un sujeto que altera significativamente la continuidad de las acciones, preguntando si creen en Dios, la importancia de éste y su creación más escandalosa: la defecación. Luego la anécdota del hombre tímido que tuvo que deyectar en la maleza, y que gracias a su preferencia por el individualismo más cómodo, por preferir la soledad antes que la desnudez frente al otro, pierde al tren en su persecución y termina muriendo de frío. Los personajes tratarán de desentrañar el significado de dicha historia.
  1. Astérix también carga un arma que utiliza sobre todo para violentarse a sí. Juega con la ruleta rusa, pero a base del engaño. Vinz no puede comprender la violencia contra uno mismo y desespera. No tiene la psicopatía de Travis. Más bien se perfila como un accidente moral en donde el odio lo ha cegado. No puede ver la magia de las dos balas en la mano de Astérix.
  2. Said y Hubert son arrestados por dos policías que utilizan su poder para violentarlos y humillarlos. Los golpean, hacen comentarios racistas, los insultan, anegan más su odio hacia ellos. No tienen nombre. Son el claro reflejo del desastre en un espacio cerrado donde los agredidos están con las manos atadas. Sus palabras no pueden defenderlos.
  3. La historia se divide ahora en dos focos con Vinz vagando en soledad después de haber negado a sus amigos con el fin de escapar de la policía. Su odisea nocturna lo lleva a contemplar la violencia caricaturizada (lo caricaturesco siempre es hiperbolizante) en un espacio cerrado: el cine. No contemplamos escenas violentas, mas escuchamos primero el diálogo sobre la mierda que será bañada por la lluvia (clara intertextualidad a la anécdota del anciano que acababa de defecar en el baño), después disparos y más disparos. Lo esencial está cuando Vinz fuma al lado de una mujer y su hijo y ambos hacen la señal con los dedos, emulando a una pistola que dispara. El niño comparte también esta visión de destruir al otro con las armas.
  4. La odisea de Vinz culmina en la efigie propia de la violencia sin sentido, humillante, hacia la autoridad. Acompañado de tres sujetos que encuentra en una pelea de box (es también clave la imagen de los dos cuerpos que después de enfrentarse se abrazan), somos cómplices de la mirada aterradora de Vinz al contemplar cómo su amigo dispara sin piedad al guardia de una discoteca. La razón: jamás los dejó entrar a este espacio que ahora ha sido contaminado por una muerte.
  5. El reencuentro se da en un no-lugar, tan abundantes en la película. Esperan un tren que no llegará nunca y deben errar por la noche.
  6. Ahora los tres conforman un discurso basado en acciones que alteran el orden de las cosas, inspirados sobre todo en la ironía y el absurdo. La escena del robo es un descanso de la violencia y nos expone una alteración humorística que es interrumpida en repetidas ocasiones (la alarma, el amigo borracho) hasta que finaliza con un baile sobre el capote de la policía y otro escape exitoso.
  7. El mundo es nuestro.
  8. Habitan nuevamente las azoteas. Lo más cercano al cielo parece ser un espacio pacífico, donde pueden reconciliarse y charlar sobre el vertiginoso destino de las palabras. El odio desaparece hasta que descienden a la tierra, donde son atacados por los skin-heads.
  9. Vinz no puede asesinar al caos, pese a los gritos de la razón, de Hubert, quien exclama que el skinhead que ha golpeado a Said no es más que basura de la sociedad, más basura que ellos mismos puesto que proclaman la violencia con discursos de racismo y cobardía.
  10. En las noticias: Abdel Ichaha ha muerto. La noche termina.
  11. El final es cíclico: preocupado porque Vinz asesine a un policía, el espectador queda aliviado ante los últimos minutos de la película. Ha amanecido y nuestros personajes regresan a casa. Hemos sido desengañados y sabemos que Vinz no puede producir violencia pese al odio que desemboca de su lenguaje. La entrega de la pistola a Hubert, la razón, desemboca en una interpretación que ya sabíamos: Vinz no es capaz de disparar a nadie. Los amigos se despiden y nada parece alterar al orden, salvo el orden. Los últimos segundos: la detonación primera y alguien muere. Hasta ahora todo va bien, anuncia el hombre que cae desde el piso cincuenta. El aterrizaje es lo más importante porque genera una alteración en el orden espacial: la calle se baña de sangre, se contamina de muerte. El segundo disparo y desconocemos quien cae mientras contemplamos con incomodidad y molestia, con indignación sobre todo, el rostro de Said. Se ha dicho que Said simboliza la neutralidad. Escribo yo que él es la náusea.

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