Dimensiones espaciales en Stranger Things

La última serie de Netflix ha comprobado el tremendo potencial que tiene esta empresa para la creación de grandes series, superando por este año a lo expuesto por otras cadenas atrapadas en sus productos, incluyendo a la insuperable HBO y su Game of Thrones, la cual cedió al hype creado por sus fans. Stranger Things se revela así como una sorpresa bastante agradable, reviviendo y homenajeando a los grandes del género fantástico en un panorama dominado por zombies y dramas medievales; un milagro como lo fue True Detective hace dos años. Sus lecturas a toda una tradición tanto literaria como televisiva y cinematográfica se conjugan en una apuesta compleja y efectiva al elaborar su propia perspectiva al género. Es justo entonces que se hable y se siga hablando sobre esta serie.

maxresdefault

Una de las cosas más interesantes de Stranger Things es su propuesta espacial, que mezcla lo fantástico con lo científico para vincularlo hacia el horror posible, igual que H. G. Wells en La guerra de los mundos El hombre invisible: el miedo está en las posibilidades ocultas en lo desconocido. Para ello la serie complejiza la teoría del no-lugar al equipararla con la idea de los múltiples universos, científicamente posibles. Parte pues de la construcción del no-lugar como un fenómeno moderno propio de la urbanización y de las dimensiones y líneas temporales que suceden y no sin que nosotros podamos comprobarlo: es así como este lugar último se transforma también en un no-espacio paradójico pues nada y todo habita en él. El hastío y la necesidad de un reposo, la enfermedad de la velocidad estacionaria y esa naturaleza para acceder a espacios y tiempos lejanos, tan parecidos a los de la nostalgia, son sólo algunas de las características de estos no-espacios: se mueven sin movimiento, deshabitan el espacio, permiten la abstracción, son pasado, presente y futuro en un mismo momento, etc. Los no-lugares tanto en la ficción como en la realidad son lugares para el reposo y la abstracción, pero también para la transición: un no-lugar puede cumplir la función de puente, traslada al ser hacia espacios reales y metafísicos. La literatura fantástica también utiliza los no-lugares o espacio basura para las introducciones no-reales: por lo general es un portal o un paradigma que magnífica las sensaciones humanas; son espacios transgresores. Un ejemplo claro al que se podría hermanar con Stranger Things es la habitación roja de Twin Peaks, un espacio cercano a lo onírico, una dimensión monstruosa de la existencia donde nuestras apariencias se duplican y deconstruyen hacia el mal. La habitación roja es un no-lugar donde el tiempo y el espacio no responden a la realidad que intenta emular, duplicar. Lo último sumamente importante en Stranger Things.

extrañas.png

Stranger Things retoma la idea de la habitación roja cuando construye una multiplicación de la realidad: The Upside Down, donde habita la criatura. En la serie este no-lugar pretende, como en Twin Peaks, emular los espacios vivos: pero aquí se encuentran muertos, oscuros y en descomposición. Guardan sin embargo una semejanza más: ambos contienen sombras, ficciones y vacío. Es pues una recreación de espacios comunes y normales, pero alterados por una perspectiva distinta, una dimensión alterada. Donde antes había oscuridad ahora hay una realidad podrida. Oscuridad expuesta antes cuando Ele, la niña con poderes mentales, explora este espacio vacío y oscuro en donde habita algo: al contemplarlo su grito abre un portal hacia ese lugar, creándolo asimismo como imagen y semejanza del pueblo donde ocurre la historia. The upside down no es un lugar de transición, sino un no-lugar que pretende hacerse pasar por la misma realidad: es la propia nada, el gran vacío. El portal que crea Ele es en realidad un puente hacia la muerte, el no-lugar por excelencia, y la criatura que encuentra es asimismo una extensión bestial de la nada, un intruso en el vacío; algo más allá de la naturaleza de la muerte.

cosas

La bestia introduce en la historia la idea de la muerte o de la pérdida, del dolor y la ausencia y sobre todo la idea de lo fantástico: es decir, el quiebre de la realidad hacia el horror. No se trata de un animal, como la describe el doctor, sino de una conciencia que habita más allá de nuestra realidad, y que se dedica a cazarnos porque de ahí parte su naturaleza parasitaria: un ser que no tiene rostro y por lo tanto carece de identidad y nombre. Semejante al Bob de Twin Peaks, su inmersión en la historia sólo puede producir maldad o, en el peor de los casos, locura, destrucción.

Ambos, tanto la bestia como Bob, se introducen en la realidad y secuestran a los personajes para llevarlos a ese no-lugar donde habitan; donde jamás serán encontrados: la nada. No soy de teorías, pero quizá Ele al final de la serie haya ocupado el lugar de la cosa, restaurando así la oscuridad y la nada en The Upside Down. Quizá por ello el primigenio culto que ofrece Hopper al final, al ofrecer waffles a Ele, como si se tratase de un respetuoso tributo a su memoria.

Se agradece, en fin, que una serie explore y absorba esa tradición que parecía insuperable luego de La dimensión desconocidaStranger Things asume con madurez su responsabilidad hacia el homenaje y lejos de ser una simple serie de horror se convierte en una de las series memorables y sorpresivas de 2016, pese a sus defectos al manejar personajes y argumentos cliché que se recompensan con una trama adictiva, personajes asimismo entrañables y una buena historia.

stranger-things-on-netflix-678x381

 

 

 

Anuncios