Dos poemas de Wislawa Szymborska

Wislawa Szymborska nace en 1923 en una Polonia entre el sincretismo y el sometimiento. Durante la ocupación nazi, los polacos se vieron arrastrados a pensar en alemán, mientras a escondidas escribían en ruso o polaco. En este contexto ideológico, al final de la Segunda Guerra Mundial, Wislawa publica su primer poema, cuyo título es clave para definir a su poesía: “Busco la palabra”. La búsqueda de un lenguaje, que se encauza en la precisión cotidiana y el humor, termina cobrando sentido para la voz lírica en el reflejo de la Alteridad —entendida ésta como la definición del Mismo en la mirada del Otro—, los espacios vacíos, perversos por las cosas abandonadas tras el devenir, los amigos, el amante, cuyo cuerpo es una extensión confortante de la nada, la Muerte y la soledad como efigie de una enfermedad contemporánea.

A partir de 1996, después de ganar el Premio Nobel de Literatura, el descubrimiento tardío de Szymborska en el mundo hispanohablante se traduce en pánico por conseguir, de todas las formas posibles, algunas muestras de su poesía. A través de traducciones desesperadas o insatisfactorias (personas que lo hicieron no desde su idioma original sino desde el francés o el inglés) se publican los primeros poemas en periódicos y revistas —aunque ya antes existían algunas ediciones de sus libros, enterradas en galerías del olvido. Afortunadamente, pasado el desastre inicial, aparecen antologías que reúnen su poesía esencial (llama la atención que en estos libros colabore más de un traductor). Su poesía casi completa está reunida en Poesía no completa (2002), del que me valgo para transcribir los poemas. Sin embargo, hace falta una reedición de su prosa (ensayo, crítica) que pareciera ignorarse.

Desde los orígenes de la humanidad, el poeta se concibe Poeta al encontrar distancia de la colectividad: quiere ser Individuo. Ahora, en un mundo donde el ser humano toma un arma para destruir al otro, Szymborska añora ese paraíso colectivo, en donde la poesía era la voz de todos. Quizá esa tristeza en su poesía surja de la necesidad por desprenderse de un nombre, por recuperar su “popularidad”. Para concluir, Elena Poniatowska comenta que en las calles de Polonia los poemas de Wislawa recuperan algo que muchos poetas quisieran pero pocos logran: su transmisión oral, su apropiación como Identidad. “Anda de boca en boca, la tararean, la dicen en voz baja y en voz alta, es parte de la vida cotidiana por su modestia, su sencillez estilística y porque no vuela encima ni debajo de nadie” (12).

Con una visión del lenguaje “al desnudo”, simple, casi sin metáforas, de imágenes sobrenaturalmente humanas, la poesía de Wislawa Szymborska es como el rayo de luz que antecede al amanecer: traviesa, esperanzadora, melancólica y, sobre todo, sumamente reveladora.

Transcribo a continuación dos poemas de Llamando al Yeti (1957), piezas esenciales, maestras, para comprender la visión de Wislawa. “Anuncios clasificados”, desde un conmovedor sentido de la parodia, enumera quizá las noticias más hermosas en un mundo donde la mala nota nos deprime o aterra por las mañanas. “Rehabilitación” por su parte confiere un sutil conflicto político donde el presente carga la vergüenza y traición del pasado en un intento por encontrar el olvido.

Confío en que, con esta primera muestra, el posible lector inicie la “búsqueda de la palabra”; que sea una revelación, un antes y un después. En fin, una de las más importantes voces de la literatura moderna.

Anuncios clasificados

QUIENQUIERA que sepa dónde está

la compasión (fantasía del alma),

¡que lo diga!, ¡que lo diga!

Que lo que cante a voz en cuello

y que baile como si hubiera perdido la razón,

alegre bajo el delicado sauce

siempre a punto de romper en llanto.

ENSEÑO a callar

en todos los idiomas

con un método contemplativo:

del cielo estrellado,

las mandíbulas del sinantropus,

el salto del grillo,

las uñas del recién nacido,

el plancton,

el copo de nieve.

DEVUELVO al amor.

¡Atención! ¡Ganga!

En la hierba de hace un año,

con el sol hasta el cuello

recostados mientras danza el viento

(coreógrafo de sus cabellos)

Para ofertas ver: Sueño.

SE NECESITA persona

para llorar

a los viejos que mueren

en los asilos. Favor

de no solicitar por escrito

ni anexar ningún tipo de actas.

Se destruirán los documentos

sin acuse de recibo.

POR LAS PROMESAS de mi marido

—quien con todos los colores

del populoso mundo, su lenguaje,

su canción en la ventana y el perro de los vecinos

les hizo creer que nunca estarían solos

en penumbra, en silencio y sin aliento—

yo no puedo responder.

La Noche, viuda del Día.

Traducción de Gerardo Beltrán

Rehabilitación

Aprovecho el más antiguo derecho de la imaginación

y por primera vez en la vida convoco a los muertos,

observo sus rostros, escucho sus pasos,

aunque sé que el que ha muerto ha muerto de verdad.

Ya es hora de tomar nuestra propia cabeza entre las manos

y decirle: pobre Yorick, ¿dónde está tu ignorancia,

dónde tu confianza ciega, dónde tu inquietud,

tu ya-saldrá-de-alguna-forma, el equilibrio de tu alma

entre la verdad comprobada y la no comprobada?

Creí en su traición, creí en que no merecen nombre

ya que la mala hierba se burla de sus desconocidas tumbas

y los imitan los cuervos y las nevascas se mofan de ellos

—pero éstos fueron, Yorick, sólo falsos testigos.

La eternidad de los muertos dura

mientras se les paga con memoria,

moneda inestable. Y no hay día

en que alguien no pierda su eternidad.

Hoy de eternidad sé aún más:

se puede dar y quitar.

Al que se ha llamado traidor

tiene que morir junto con su nombre.

Pero nuestro poder sobre los muertos

exige una balanza imperturbable:

para que el juicio no se haga de noche

y para que el juez no esté desnudo.

La tierra hierve y ellos, que ya son tierra,

se levantan, terrón tras terrón, puñado a puñado,

salen del silencio, vuelven a sus nombres,

a la memoria del pueblo, a los laureles y aplausos.

¿Dónde está mi poder sobre las palabras?

Las palabras cayeron al fondo de las lágrimas,

palabras, palabras incapaces de resucitar a la gente,

descripción muerta como una fotografía junto al resplandor del magnesio.

Y ni siquiera a un mínimo aliento los puedo despertar

yo, Sísifo asignado al infierno de la poesía.

Vienen hacia nosotros. Y filosos como diamantes

—en las vitrinas brillosas por enfrente,

en las ventanas de acogedores departamentos,

en los lentes rosados, en los vasos,

cerebros, corazones— calladamente van cortando.

Traducción de Gerardo Beltrán

Wislawa Szymborska. Poesía no completa. Introducción de Elena Poniatowska. Traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia. FCE: México, 2002.

Anuncios