La violencia en la ficción no es la misma que en la realidad

I. Dado los trágicos hechos de ayer que no viene al caso describir, se han abierto varios debates que de alguna u otra forma abordan el tema de la violencia en las instituciones y en el propio sistema.

Sin embargo, creo preciso aclarar que la violencia en la ficción cumple funciones diferentes que en nuestro plano real: nos afecta de otra manera y también cada persona tiene su concepción del asunto, respetable o no.  Además, la violencia como concepto es en sí sumamente complejo y responde a cuestiones sociales, políticas e ideológicas que en este texto no pretendo desarrollar..

En primera instancia, eliminar la idea lo violento en la ficción me vuelve violento. La violencia en las películas y los videojuegos (la literatura no se ve afectada por la sentencia en cursivas) es una herramienta: entretenimiento, abstracción, diversión, etcétera. No es el fin de las películas y videojuegos de masa explorar a la violencia como idea filosófica o social: pretenden crear atmósferas realistas, impactantes. Es, entonces, un artificio. En ejemplos más afortunados, cumple con efectos estéticos. No por ello, también, deja de ser un reflejo preciso de nuestra realidad. No se puede prescindir del elemento violento, puesto que en las propias acciones hay ejercicios de violencia pasiva y activa: una historia tradicional sin acciones no cumple con su función artística o de entretenimiento.

II. Es mítico el prejuicio que tiene alguna parte de la sociedad sobre los videojuegos. Esto se debe al alcance que tiene esta industria con los niños y niñas y con los jóvenes. De ahí que los padres sientan que sus hijos se pervierten con escenas de violencia y que los medios de comunicación utilicen esta idea ya superada: los videojuegos vuelven violentos a los niños. Y quiero dejar muy en claro lo falaz que es este argumento. Siento que los videojuegos han superado el espectáculo de la violencia y han explorado otras vertientes y posibilidades. De hecho, hoy en día creo que hay pocos juegos en los que la violencia protagonice o sea relevante. En el caso famoso de los shooters, que tanta polémica despiertan, compruebo por experiencia propia que lo divertido y emocionante no es el ejercicio violento sino las estrategias y situaciones de inteligencia, trabajo en equipo y comunicación que puede ofrecer un gameplay.

La ficción no promueve la violencia, no vuelve a sus espectadores un monstruo que busca sed de sangre. Yo, que he visto y jugado películas y videojuegos aún me impacto cuando contemplo un perro atropellado en las avenidas. Me impacta bastante ver a los conductores, padres y madres de familia, estudiantes rumbo a la escuela, señoritas que se dirigen al trabajo, pasando por encima del animal hasta desentrañarlo.

No he sido deshumanizado por la ficción aún.

Lo que sí hay que criticar, puesto que es ahí donde se divulga esta idea, es la postura amarillista de los medios de comunicación, quienes se encargan de publicar en sus páginas de internet videos e imágenes (“virales”) en los que la violencia se promueve y comparte con naturaleza significativa. La diferencia es clara: esta violencia existió, fue real. Alguien resulta afectado en la escena.

Son los medios los que de alguna u otra forma deshumanizaron a los habitantes de Ciudad Juárez en donde, como dijo alguna vez Perla de la Rosa, las películas de Tarantino son ejercicios casuales que vemos cada día en las noticias. Fue tan importante este momento en la historia de la televisión local que al fin se contempló algo antes nunca visto: rating.

Ocurrió además en la realidad algo que también hay que criticar como espectadores, lectores y jugadores: el espectáculo de la violencia y la caricaturización de sus víctimas. Evitar, en fin, la costumbre. A fin de cuentas, ante estas situaciones creo que no hay necesidad de buscar una causa que las explique, porque puede no existir una.

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Lo viral y el morbo

En Tesis, Alejandro Amenábar reflexiona acerca de la morbosidad que puede provocar en sus espectadores las escenas grotescas y sangrientas a las que ya nos hemos acostumbrado. Toda la película gira en torno a la idea de los videos snuff y de cómo la violencia misma puede crear adicción. No obstante, pienso yo, esto es algo que podría definir lo humano: quiero decir que si bien pareciera que el morbo llega a ser enfermizo en muchos caso, en la antigüedad las batallas de gladiadores eran un éxito porque la gente desea contemplar la muerte. Por ello que la última escena de Tesis sea notable: alienta el deseo del espectador por mirar algo morboso, como al inicio de la película en la que la protagonista se entera que el tren ha parado porque un suicida saltó a las vías y quiere ver lo que quedó.

La sobremodernidad, como Marc Augé define a nuestros tiempos, aunque no ha normalizado al morbo, sí lo ha viralizado. Todo lo que compone el internet está regido por el hastío de la realidad y hace posible que, en nuestra búsqueda de entretenimiento, contemplemos algunos ejercicios del morbo. ¿Qué sucede cuando esto va más allá, al grado de desestabilizar los principios morales de la audiencia que ha motivado los propios ejercicios? Tal es el caso de una youtuber que transmitió su suicidio por internet —no recuerdo si por youtube u otra plataforma—.

Lo que urge reflexionar no es el hecho de que las autoridades hagan hasta lo imposible por eliminar el rastro de dicho video, sino dos cosas: 1) El principio de viralidad que motivó a que esta chica decidiera transmitir su suicidio; 2) No es el primer suicidio que se transmite en vivo y se tuvo que esperar a que una menor de dieciocho años para el escándalo—en los que el hecho hizo famosos a sus trágicos protagonistas.

Las autoridades no pueden eliminar el video de internet por la demanda que rige el principio de viralidad y morbosidad: las personas quieren ver ese video y por ello se ha divulgado por todos lados. Es imposible detener lo viral, y más si a ésta la impulsa el morbo de un público cansado de lo que contempla en sus inútiles vidas: de ahí que nazca ese deseo por mirar algo distinto a lo que se ve en la televisión e incluso en youtube.

El suicidio, desde mi punto de vista, es algo sumamente complejo: las razones por las que cualquier persona decida quitarse la vida siempre escapan a mis principios éticos, morales y filosóficos. Hace unas semanas, por ejemplo, me llegó la noticia del suicidio de un amigo de la secundaria a quien le ocurrió lo contrario que a la niña del video: su muerte ha pasado desapercibida de las redes sociales; de aquellos que lo felicitan en su cumpleaños, pese a que ha muerto desde hace ya meses.

A mí no me impulsa el morbo para hablar de ello, sino el contraste. Pienso en el impulso que tienen algunos ejemplos más de suicidas que quieren volver pública su muerte: que llegue a millones de personas. Y pregunto, ¿es algo reprobable? Ni el suicidio ni la fama son del todo reprobables, aunque sí tristes. La naturaleza de la muerte, en su sentido más absoluto, es espectacular: luego, el olvido.

Por último, ¿es cuestionable el deseo de utilizar estos videos ajenos e imágenes para ganar vistas y likes y el principio inevitable del morbo que nos ha motivado a mirar y compartir dichos videos?

(Ha pasado casi una semana desde que escribí este texto y quiero puntualizar algo. El tema ha sido sobreexplotado y hay miles y miles de videos de youtubers hablando sobre el tema, algunos con mejor fortuna que otros. Lo que me interesa es esto: se ha revelado que la chica fue violada por su padrastro y que ello motivó su suicidio. Ya no se trata de una persona que vio frustrado su sueño de youtuber, como dijo Dross en un video eliminado, sino una medida desesperada: toda desesperación es liberación. Me entristece ahora más el tema puesto que ahora podemos hablar de otro todavía más grave: la cosificación de lo viral. Es decir, el ejercicio de compartir y deglutir información sensible y desestimar este conflicto de género, conflicto social también: somos testigos, pues, de cómo una mujer fue violada por mucho tiempo hasta el punto de suicidarse en vivo. Yo no tengo ningún problema con los motivos por los que la muchacha decidió transmitir el hecho; creo que ella se sentía sola y que las personas que la miraban, gracias a esa ilusión que compartimos todos de compañía en la virtualidad, era lo único que tenía. No lo sé de cierto, pero sigue siendo triste).

The Books of Magic y una comparación irremediable

Es triste e infravalorado el rico mundo de la novela gráfica. Sobre todo en el mercado. Quiero decir que me considero una persona afortunada pues logré adquirir los cuatro números limitados de The Books of Magic, una historia escrita por Neil Gaiman y que según la introducción a, es uno de los cómic más influyentes. Yo no lo sé de cierto y la verdad es que tiene poca relevancia. Mi fortuna está en la desgracia del posible lector aquí, ya que conseguir esta obra en México será hoy una hazaña extraordinaria.Por otro lado, resulta una pequeña victoria: es la primera colección que termino. La espera tras la entrega mensual, etcétera, siempre se compensa. Pero soy un lector algo impaciente y no me atreví a leerlo hasta ya tener los cuatro capítulos.

Considero que la historia es un tanto vertiginosa y bien pensada. Me gusta que Gaiman haya optado por narrar la trama del aprendizaje y la promesa en lugar de aquello que logra intuirse hacia el final:Timothy Hunter convertido en un poderoso mago. Esto sucederá en el futuro de la saga, que no he leído y hasta hace poco desconocía. Aquí en cambio se describe a un chico que sin pedirlo ni saberlo debe elegir entre el camino de la magia frente al de la razón. Al tratarse de una fábula de iniciación Gaiman aprovecha para hacer lo que mejor sabe: exprimir su imaginación e inventar toda una genealogía e historia de la magia. Por esta razón el primer libro-capítulo funciona de maravilla: se trata de una introducción a las vertientes de la magia; el lector aprende junto al joven Hunter, se vuelve cómplice de la incertidumbre y escepticismo del chico. Al final se duda de la existencia de ese mundo invisible para la razón, sólo accesible con los ojos de la fe.

No hay placer más allá que la del conocimiento en The Books of Magic. Curiosamente lo que a mi gusto está peor llevado son los conflictos. Y no por que lo que se cuenta sea poco interesante, sino por cuestiones rítmicas: todo sucede tan rápido que el peligro deja de importar. Esto sucede sobre todo en el segundo libro, “El mundo de las sombras”, que si bien John Constantine con su carisma y cinismo es lo más destacable, la conclusión resulta forzada e incluso tonta. Afortunadamente para nosotros, los últimos dos capítulos de la historia son maravillosos. De hecho, me es indiferente lo previsible que es el hecho de que el ciego esté cerca de asesinar a Hunter, porque se siente tensión y fuerza en los dibujos y colores, que mejoran lo acuoso aunque novedoso de las dos entregas iniciales.

Ahora bien, ¿cuál es la comparación irremediable? La razón por la cual muchos fans de esta novela gráfica detestan Harry Potter. Y es que si bien Gaiman ha señalado que nada tiene que ver la aventura de Hunter frente a la de Harry, hay cosas bastante interesantes dejando de lado la estúpida discusión de quién es mejor. Leo la influencia de Gaiman en La piedra filosofal, y no me resulta sorprendente pensar que Rowling se haya inspirado en la descripción física de Hunter para la de Harry. Y aunque el primero no tenga el carisma de Potter, cierto es que sus dudas existenciales y las peripecias que vive son algo parecidas a las del mago de Hogwarts: ambos son elegidos, ambos deben elegir entre la fe y la razón y hay un loco poderoso que desea asesinarlos para establecer cierto orden.

La verdad es que de ahí en más, Gaiman tiene razón: Harry Potter es la historia sobre el crecimiento y la amistad; Timothy Hunter es el acercamiento y aprendizaje hacia el corazón de la magia. Allá la magia es algo que se asume y vive; aquí, algo que se busca o evita, que confirma la realidad invisible, cuyo origen está en el principio del tiempo y el caos y cuyo fin es La Muerte y El Destino.

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Las voces prometedoras de la poesía contemporánea mexicana terminaron conmigo

Este texto generaliza algunas cosas y poco importa.
I. Hace unas semanas apareció en Cultura Colectiva un listado de 10 poetas jóvenes mexicanos que debes conocer tú que no estás leyendo esto. O sea, era uno de esos textos que te exigen un click generoso para regalarte el vacío. La leí con cierto desinterés y terminé decepcionado como siempre: ese arrepentimiento tan común al abrir algo que no queríamos pero el hastío se impone siempre. Si esta es la poesía del futuro, es mejor abandonar el país o dejar que la violencia o Peña Nieto hagan lo suyo. El autor de la lista, Diego Ceras, hace hasta lo imposible por vender la promesa, informando los premios que estos poetas han obtenido, las trayectorias tan ilustres y dignas, los reconocimientos ejemplares que el gobierno de tal estado les ha dado. Todo iba bien hasta que transcribe fragmentos de la poesía de las grandes promesas del genio mexicano:

 

El tabú femenino:

lo que oculta la mantilla, separa y corta;

llega cada mes

la mujer que complementa al monstruo

la transgresión ¿Lilith? ¿Medea

(César Bringas, ganador del premio a la mayor decepción que he tenido)

Otro asunto lamentable es que el autor de la lista, quizá haciéndole el favor a una amiga, recomienda a alguien que no tiene obra, a no ser que consideremos un planquette como tal y no un rico desayuno extranjero. Eso se perdona cuando la poesía de la chica del desayuno escribe mejor que la que publica en Tierra adentro:

Muchas dudas muchas interrogantes muchas

obviamente siempre están las preguntas
a. qué pasó b. por qué
entre mis múltiples respuestas me encontraba que
/lo tenía borrado en el cassette, eh,
lo tenía pero borrado/
eso también lo recordé hace poco/
que una vez la encontré que estaba rompiendo foto

(Yolanda Segura)

Aquí el link para que se degusten con los demás que no merecen el espacio de mi blog: http://culturacolectiva.com/poetas-mexicanos-que-debes-conocer/

 
II. Lo deprimente ya lo he escrito antes, cosa que me obligó a escribir algo de crítica (para que me dijeran poeta frustrado): lo malicioso que es el medio, lo triste, lo mentiroso y desleal y asqueroso y pedante y estúpido. Pero eso nunca será suficiente. Todo está perdido cuando sabes que la literatura es un negocio más, una cadena de oración en Facebook para que te unas a este ejercicio del vacío y dale like y comparte.
 
Aquellas ratillas están aferradas con uñas y dientes a los programas de becas y a los premios, a las recomendaciones de las páginas populares que nadie lee pero todos comparten, al gobierno que rige la poética contemporánea. No resulta sorprendente, puesto que nuestros poetas y narradores reconocidos son unos hipócritas. Por ejemplo, Elsa Cross, quien escribía con ese fervor apasionado e indignado de quien escribe poesías sobre Ayotzinapa aceptó un premio entregado por el mismo Peña Nieto. ¿Ironía o cinismo? Para eso se escribe poesía hoy en día: ganar premios y becas, reconocimiento y dinero.
 
Esta poesía de lo light y lo intrascendente, ya lo expuse, te la venden como una promesa. Cada año, en las listas de “los mejores libros” aparecen ahí sin el mérito literario, sin méritos estéticos, con la sorpresa de sus padres y padrinos. Sin embargo hay que ver cómo son estas listas: reediciones de autores consagrados, antologías de autores muertos, el libro de poesía de fulano o sutano. Quienes escriben las listas no saben ni qué libro publicado en 2016 deben recomendar, de qué amigo deben acordarse, a quién le deben un favor. Todo se siente desalmado.
 
Luego se quejan de que las personas prefieran libros de autoayuda o de youtubers, que la poesía escrita por Dante Tercero o Ashauri López sólo la pueden comprender ciertos afortunados: los elegidos, les llaman los editores de Cultura Colectiva. (Me parece lamentable que yo conozca estos nombres de memoria.) Tan siquiera los youtubers son honestos con el propósito de sus libros. Nunca ocultan sus deseos de ganar lana y lo hacen sin la pretensión de estos escribidores y poetastros.
 
Soy algo ingenuo, algo soñador, pero como muchos me han comentado, también soy sumamente exigente e injusto. Me gustaría ver a la literatura ganar al menos en una ocasión pero este ambiente, que lleva quizá décadas, jamás lo permitirá.

10 libros que recomiendo (2016)

Cambiemos de actividad. Siento que la esencia de los listados, y es algo que yo hago cuando sedo al clickbait, es la enumeración en sí, dejando de lado toda descripción y datos y justificaciones que el bloguero pueda agregar (por lo que asumo que esto será ignorado): en pocas palabras, los “lectores” nos saltamos a ver nada más los nombres. Así pues, sólo transcribiré aquí los diez libros que más disfruté durante 2016. Algunos de estos los he reseñado aquí en las memorias.

No leí nada que se haya publicado durante este año. Las pocas novedades que llamaron mi atención sólo confirman mi enojo por la industria de los libros, cada vez más cancerígena. La “nueva” novela de Bolaño ronda los $300 y la de Xavier Velasco igual. Quizá la única obra que “recomiende” de este año sea la edición de los Cuentos de Alfonso Reyes que, pese a su precio algo elevado, vale la pena revisar. No peco de falta de coherencia, pues no estoy enlistando lo mejor de 2016 sino recomendando libros.

Otra prueba de que no hubo obra notable durante 2016 es consultar las listas de “los mejores libros del año”. Las que leí enumeraban libros “nuevos” de escritores como Elena Garro o los citados Bolaño y Reyes: es decir, obras póstumas o recopilaciones. En el peor caso, reediciones. El mismo pecado ha ocurrido desde hace casi seis años. No quiero decir que de plano no exista una obra digna. Pero lo más seguro es que pasen años y años para que pueda apreciarse con dignidad, sin la mierda que rodea al entorno de la “crítica” de hoy, tan afiliada a las mismas editoriales (como el Domínguez Michael y Alfaguara).

10. La casa de las bellas durmientes, Yasunari Kawabata.

9. Idiotas contemplando la nieve, Alejandro Ricaño.

8. Amores de segunda mano, Enrique Serna.

7. Las armas secretas, Julio Cortázar.

6. Cuatro cuartetos, T.S. Eliot.

5. Obras completas (y otros cuentos), Augusto Monterroso.

4. El juguete rabioso, Roberto Arlt.

3. El jinete polaco, Antonio Muñoz Molina.

2. El barón rampante, Italo Calvino.

1.  La broma, Milan Kundera.

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7 videojuegos que recomiendo

Antes, un pequeño preámbulo. Fue cerca de febrero cuando hice mi cuenta de Steam, plataforma en la que he gastado mi tiempo durante mis largas vacaciones (medio año). Siempre me han gustado los videojuegos, pero dejé de jugar cuando me robaron mi Play Station. No conocía ninguna plataforma como Steam y una consola nueva era un gasto que prefería usar en libros y películas. Aún así, y sobre todo gracias a mi amigo Hugo, seguí interesado en las historias de algunos videojuegos. Lamentablemente, puesto que nunca imaginé jugarlos, veía Let’s play para estar al tanto, sacrificando el “control”, por así escribirlo.

Cuando empecé a invertir dinero y tiempo en mi perfil de Steam me di cuenta de este grave y último error… No obstante descubrí otras propuestas, sobre todo narrativas que han influido en mi percepción sobre el arte moderno. No exagero: todos los juegos que aquí enumeraré tienen un apartado artístico y narrativo que no envidia a las mejores películas o libros. Lo que más me gusta del videojuego es su gama de posibilidades y el uso de la imaginación como novedad. Es un arte algo infravalorado por la seriedad, pero que tiene una comunidad enorme y sobre todo crítica. Sólo hace falta revisar el tema No man’s sky. Es un público que no se traga cualquier cosa, como sí ocurre en la literatura. Claro que hay mucho contenido basura, pero en general el panorama es duro y crítico, aunque sus pecados comerciales no puedan evitarse.

Sin más, aquí los siete videojuegos que más me gustaron durante 2016 (sin un orden de preferencia). Agregaré su precio normal en Steam:

7. Life is Strange (2015). Desarrollado por DONTNOD y editado por Square Fenix. Deberás tomar decisiones difíciles y todo su apartado narrativo y referencias populares, así como las consecuencias de tus acciones culminan en un final que puede ser trágico pero justo. Para mí sólo hay un final. Se agradece además que los personajes femeninos no se vean reducidos a estereotipos sexuales.

Precio: El primer episodio es gratuito. Los demás, $ 179.99.

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6. Inside (2016). Desarrollado por Playdead. Ha sido difícil pero recomiendo éste ante Limbo por una sola razón: en Inside tanto los acertijos como la jugabilidad conforman una unidad que no fastidia o frustra, cosa que sí sucede con Limbo hacia el final de su historia. Aquel apostaba pues por el fastidio y lo difícil. Inside, por la narración de su distopía.

Precio:$179.99

5. Bioshock (2007). Desarrollado por 2k games. Uno de los videojuegos más influyentes de los últimos años es, asimismo, una experiencia de terror y disparos bastante agradable. Me gusta bastante que toda su narrativa sea contada a través de grabaciones (he leído que así sucede en System Shock, que no he jugado) y pone en duda la complicidad del propio jugador, esclavo de las acciones que le impone el videojuego. Cierto que su historia se antoja algo ambiciosa y sus pasos últimos cojean hasta caer en el cierre: ninguno de sus finales es notable.

Precio: $179.99

4. Portal (2007 y 2011). Desarrollado por Valve. Aquí la saga que reinventó el concepto de puzzle. El primer Portal es perfecto: la historia intuida, los pequeños detalles, los comentarios de las torretas, el cubo de compañía, the cake is a lie, la complejidad progresiva pero justa y GLaDOS, que se resume en el siguiente axioma: no podemos sobrevivir sin nuestros enemigos. La secuela me gusta mucho pero sacrifica la esencia por contar más: los acertijos pasan a un plano secundario y se siente poco balance. Aún así está GLaDOS para enamorarnos otra vez con su corazón de potasio.

Precios: $109.99 y $179.99

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3. Undertale (2015). Desarrollado por Toby Fox. Aquí estoy de acuerdo con mi amigo Hugo cuando dice que entre menos sepas de Undertale mejor.

Precio: $109.99

2. The Walking Dead (2012). Desarrollado por Telltale Games. Justo cuando la serie de t.v. se fue a la mierda este año, juego The Walking Dead y todo lo que estaba bien y me gustaba de la serie aquí se magnifica y engloba en algo sumamente hermoso. Es una historia de duras decisiones, a cambio de una jugabilidad meh. Su final me probó que los videojuegos también pueden hacerte llorar…

Precio: $225.99.

1. Half Life (1998, 2004, 2006, 2007). Aquí una trampa: me refiero a todos los juegos protagonizados por Gordon Freeman. Sólo diré que gracias a Half Life 2 empecé a gastar mi dinero semanal en videojuegos en lugar de libros, como antes… Todo aquí es perfecto y guardo la esperanza de que mi espera para el episodio 3 sea corta…

Precios: Half life y Half life 2 %109.99. Los episodios 1 y 2 cuestan 89.99.

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7 series que recomiendo

Sin preámbulos

Rick and Morty

Pese a su inclinación a lo grotesco, la irreverencia y lo ridículo, Rick and Morty es algo más, algo que propone. Su delirio de continuidad, que pocas veces he visto tan bien logrado en una serie animada, provoca una sensación de cambio y evolución: sus personajes, frente al absurdo de los hechos contemplados, no son los mismos al final de la serie, pese a que su esencia sigue intacta. Rick and Morty es, en fin, una crítica a nuestra insignificante existencia con momentos humorísticos sumamente notables y perturbadores.

Desglosar la trama de esta serie es una tarea difícil. Agregaría nada más que son las desventuras dimensionales de un abuelo y su nieto —el listo y el bobo—, regidas sobre todo por el azar. Con el progreso de los capítulos se nos revela una historia que estuvo escondida o mejor dicho sugerida y que no quiero arruinar: es algo que genera bastante placer cuando, en los capítulos finales, lo descubres.

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Narcos

Al final muere Pablo Escobar, ¿so? Narcos fue una de las sorpresas del año pasado, con un tono crudo y realista, siguiendo masomenos la historia de Escobar. Esta segunda temporada apuesta por explorar las decisiones y el perfil psicológico-humano del narco más poderoso de su tiempo: gana en esto, pero descuida sus personajes secundarios y a los gringos (pero, a quién chingado le importan los gringos). Y si bien el tono permanece, ahora mandan al carajo a la Historia para presentar situaciones que llevarán a la declive de este parce alteradote. La escena final de Escobar es devastadora, durísima y me encanta: es el final justo. Es curioso como la ficción vuelve entrañable y hasta conmovedor a un psycho alterado hijoeputa que viste suetercitos de renos mientras asesina a su antagonista.

Pienso yo que el eje central de la segunda temporada de Narcos es la exploración psicológica del protagonista. Se vuelve algo lenta y todo se resume a los complejos sistema de escape que Escobar inventaba: encerrado en sí mismo y en lo inevitable, contemplamos cómo poco a poco todo se vuelve en su contra, cómo los “buenos” se acercan a él y cómo todo esto junto, además del hecho de estar lejos de su familia, lo afectaba, igual a todo ser humano. Éste es quizá el mayor logro de Narcos, serie que debió terminar aquí…

House of Cards

Y hablando de cabrones, aquí está Frank Underwood ya como presidente de los Estados Unidos. Con tan sólo escribir que Kevin Spacey protagoniza creo que es suficiente para echarle un vistazo a House of Cards. La cuarta temporada de esta serie comparada en sus inicios con Breaking Bad, mejora en contraste con la tercera, aunque ya no logra la genialidad de sus dos primeras temporadas. Aquí sin embargo encuentro el lado más sensible de Underwood: lo vemos vulnerable, en la soledad y enfrentando la derrota, la muerte y, claro, a sí mismo. He leído a muchos amigos y amigas que tienen opiniones encontradas: algunos acusan, con razón, el tono melodramático al que ha cedido en sus últimas temporadas, abandonando la crítica social y política; otros elogian lo bien definido que están Claire y Frank (todo lo demás nos importa una mierda…). Me encuentro yo en medio, pues tampoco me gusta el tono popular que ha tomado House of Cards. Y sin embargo me encanta cómo, poco a poco, igual al cáncer maldito que carcome la vida de un ser querido, los Underwood se acercan a la perversidad y, por lo tanto, a su fin.

 

Stranger Things

Ha pasado medio año desde el boom de Stranger Things, tiempo suficiente para revalorar el contenido de esta serie. La verdad es que se trata de una serie fascinante e imperfecta que se hizo popular gracias a lo entrañable de muchos de sus personajes, al misterio de su trama y a lo accesible que era encontrarla. Netflix, si bien tiene contenido de relleno y muchas de sus propuestas no más no, me parece una propuesta poderosa para acceder a series. Y sé que en 2016 aparecieron grandes trabajos que sin embargo son difíciles de encontrar. Acceder a  Netflix es más sencillo y barato que otras plataformas y es por ello que Stranger Things se convirtió, quieran o no, en una de las mejores series de 2016.

Aquí no quiero describir nada de la trama, pues el misterio y la revelación son parte de sus mejores aciertos. Vale quizá decir que algo parecido a Twin Peaks, una pequeña comunidad encuentra el terror en la desaparición de un niño…

Quizá el único error grave que encuentro en su desarrollo es proponer una segunda temporada (y sé que quizá haya más) a una serie que, sin pretenciones y con amor al género al que homenajeaban, no necesita más.

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Avatar: La leyenda de Aang

Muchas cosas hay que aprender de Avatar. Desde la moraleja final hasta aspectos narrativos como la construcción de personajes. Ahí es donde Avatar se distingue de cualquier otra serie animada que haya visto: todos sus personajes, sin excepción, son memorables, perfectos. Imposible no identificarse con las distintas facetas del ser humano que expone cada uno de los protagonistas. Su historia me parece notable y redonda, pero sobre todo equilibrada. Me fascina que una serie enfocada al público infantil exponga con inteligencia un ejemplo de cómo concluir; cada final de temporada es genial y la conclusión de Avatar es una de las cosas más satisfactorias que he tenido el placer de contemplar.

Venga, que la trama es muy simple: Aang es el avatar y como tal debe recobrar un orden perdido después de que la nación del fuego atacara luego de su desaparición, hace cien años. Con ayuda de sus amigos, este niño deberá aprender a manipular los cuatro elementos en menos de un año, para detener así al Señor del Fuego y traer paz al mundo.

 

Twin Peaks

Después de más de 25 años, David Lynch anuncia el regreso de Twin Peaks, desde mi punto de vista su mejor obra (sobre todo la primera temporada de ocho capítulos perfectos). La serie sólo cometió un error antes de su final: tener a David Lynch. Que no se me malentienda. Lynch abandonó el proyecto para dirigir Wild at Heart con Nicolas Cage, provocando que Twin Peaks pasara a diversos directores invitados que malograron la esencia de la serie y causando finalmente su cancelación y final repentino: en resumen, Nicolas Cage mató Twin Peaks. Aún así Lynch regresó en los capítulos últimos y vuelve a capturar la maravilla que fue esa primera temporada, mas no pudo evitar la cancelación.

En un pueblito tranquilo, donde en apariencia no ocurre nada y se vive una existencia sin complicaciones, la chica popular de la escuela, Laura Palmer, aparece muerta y envuelta en plástico en la orilla del río, desatando el caos y la tristeza de todos los habitantes que la apreciaban y conocían. Con la llegada de Dale Cooper, un detective carismático y adicto al buen café encargado del caso de Laura, se nos desvelará que en Twin Peaks se haya oculto la esencia misma de la  maldad: las apariencias engañan.

Twin Peaks regresará el próximo año y antes de ello vale la pena revisar los mejores momentos de esta serie: el primer episodio sigue siendo el mejor de toda la historia, a mi gusto, y por sí solo hace que Twin Peaks sea obligatoria para aquel que se digne ser fanático de cualquier expresión artística.

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