Sobre héroes y tumbas, Ernesto Sabato

¿Por qué nos decepciona un libro? Hay que comprender que la decepción de los libros es grande debido a la clase de inversión. La gente que vio la última temporada de Game of Thrones, por ejemplo, se sintió estafada porque había invertido tiempo y expectativas en un espectáculo que ya antes el show les había dado. En 2017 se anunció que la temporada final no se estrenaría hasta 2019. Durante 2018 inició una campaña de publicidad enorme. El cierre de Game of Thrones pasará a la historia de la televisión como uno de los espectáculos más vistos a nivel mundial; pero también más decepcionantes. En el caso de los libros, las decepciones ocurren por esas dos palabras que subrayo en mi ejemplo: tiempo y expectativa. El tiempo, porque podríamos aprovecharlo en otro libro. Las expectativas que nos ha vendido la crítica (y otros lectores) de determinada obra. Puedo agregar otra palabra clave: el precio del libro. Como consumidores, no nos gusta aceptar que hemos malgastado el dinero en algo que no nos satisfizo.

Para estudiar mi decepción con Sobre héroes y tumbas quiero relatar una historia personal, antes de explicar por qué me parece una novela fallida. Empecé a leer por gusto y placer a los dieciséis años motivado por una lectura en particular: El túnel. En ese entonces, esa escritura sencilla con ciertos giros filosóficos, la historia simple y sin giros bruscos, era lo que un estudiante de preparatoria necesitaba. Naturalmente, me enteré de la existencia de Sobre héroes y tumbas, siendo esta novela una de las primeras que compré. Debido a su extensión, no la leí de inmediato. Me fui perdiendo en otras aventuras literarias. Hasta este año, entusiasmado por una lectura crítica de Piglia, decidí leer esta “obra maestra” de la literatura latinoamericana. En resumen, fueron casi ocho años de expectativas altas.

Quiero desarrollar en breve por qué Sobre héroes y tumbas es “mala”, en mi opinión. Hablo primero de sus aciertos. Pienso que ha logrado, en su conclusión, un propósito, y de los más ambiciosos: unir las “memorias” de la Argentina moderna y en formación. Algunos experimentos que propone Sabato se antojan novedosos para ese momento; es una novela de la modernidad, en efecto, y sus personajes erran y viven la ciudad de forma orgánica. Me parece notable cómo Fernando en su informe debe aventurar las entrañas de la urbe para completar su viaje de anti-héroe. La conclusión también me parece notable y me dio una sensación de cierre, como suele ocurrir en esas relaciones tóxicas que han consumido todo nuestro tiempo, mas al final nos otorgan un detalle íntimo y bello en una despedida.

Los problemas de la novela son magníficos. He afirmado en el pasado que no soy un lector de novelas extensas. Para mí, esta obra se volvió un infierno por su tono filosófico y sus digresiones sobre la existencia humana que bien pueden alimentar un tratado. pero no son propios para una novela donde se explora, desde un aspecto no epistemológico sino vivencial, la memoria, la historia y la identidad.

Sus peores momentos han envejecido en varias formas. Los personajes masculinos se enorgullecen de su machismo (como esa escena infame de Fernando “humillando” a las feministas). Y uno podría decir que, bueno, son solo personajes. Sin embargo, la forma en que los construye Sabato es igual en todos los casos. La voz narrativa es siempre la misma, a saber, escribe en un solo tono y estilo, que desemboca siempre en una reflexión filosófica que imita a los existencialistas franceses donde la gran diferencia radica en los “experimentos” que Sabato propone con las voces narrativas. Las novelas de Sartre y Camus tiene algo de confesional. Aquí lo noto en el Informe sobre ciegos y en la intervención de Bruno al final de la novela. El problema con ello es que, desde la voz confesional, Camus y Sartre vierten sus ideas filosóficas de una manera más ágil. Sabato, en cambio, quiere experimentar con tres voces que a fin de cuentas son idénticas: las mismas impresiones de la voz anónima las tiene el personaje de Fernando en su informe y después Bruno, quien se encarga de pintarnos el perfil sociópata del segundo. Esto, en las quinientas páginas del libro, pesa y se convierte en tedio. Puede existir belleza en el aburrimiento, pero la manera en que Sabato cuenta su historia es torpe. Su universo narrativo ofrece inteligencia, hallazgos curiosos y algunos guiños a su primera novela; pero nunca cobra vida.

Desde mi punto de vista, Sabato no sabe narrar su novela. Tiene una buena historia en las manos, pero tristemente utiliza recursos contrarios para contarla: la simpleza y la filosofía. Incluso desde el principio aboga por “conmover” al lector con una narrativa extra-literaria: estuve a punto de destruir esta novela, porque conozco sus errores, pero ha sido salvada. Lo cierto es que sus errores narrativos hunden toda su propuesta. Abusa de los “y de pronto”, de los “de repente”. Protagonizan las “noches oscuras”, los “corazones tristes”. Sus ideas sobre el amor son comunes y, en cierta forma, violentas (sin explorar esa violencia). Me gusta que ahonde en la depresión de sus personajes, en la soledad poderosa que los asfixia, que los lleva a una descomposición moral increíble. Sin embargo, por esa ausencia de polifonías e independencias de voces, todos sus personajes masculinos tienen la misma tristeza: el mismo fracaso. Alejandra es por esto el personaje más interesante, porque escapa de las voces masculinas que están obsesionadas con “resolver el enigma” cuando no hay nada qué resolver.

Un último problema que quiero desarrollar atañe a la estructura. Son cuatro partes las que componen Sobre héroes y tumbas. El promedio de páginas por cada parte es de 120. El propósito de esta descomposición me parece bien pensada. Sin embargo, los capítulos de cada una de las partes no son uniformes. Esto no es, por supuesto, algo que arruine por completo la lectura… hasta al final, donde los dos primeros capítulos son de cinco páginas y el tercero, donde Bruno cuenta su historia con la familia de Fernando, ocupa cincuenta páginas. Aquí se evidencia algo: que este capítulo pudo conformar una sexta parte después del informe de ciegos, pero no fue lo suficientemente elaborada para cobrar independencia, así que Sabato metió este capítulo en medio de la última parte. Se nota que el escritor no sabía qué hacer con esa parte de Bruno (por demás fundamental) y al final no encuentra un lugar en el universo propuesto.

En conclusión, Sobre héroes y tumbas me parece una novela que sufrí, que me aburrió lo suficiente para no recomendarla. Comprendo sus virtudes, pero esos defectos enumerados la arruinan. A veces necesitamos convencernos a nosotros mismos que el viaje ha valido la pena por el final, que aquí, repito, es satisfactorio. De nada sirve haber sobrevivido el núcleo mal contado y aburrido de esta novela solo para recibir treinta páginas magistrales. Quizá a los dieciséis hubiese amado este libro. Pero uno crece. Uno se amarga.

 

—Antonio Rubio Reyes

sobre heroes y tumbas

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¡El Diario de Juárez apesta!

¡El Diario de Juárez apesta!

Desde hace dos años que no seguía las páginas de este periódico porque no solo sus columnas de opinión son redactada$ para cumplir cierto$ fines políticos, sino que, como se ha demostrado, se difunden ciertos lenguajes de odio que hay que criticar para que desaparezcan. Por fortuna, la comunidad ha reaccionado y protestado. No obstante, la empresa se ha victimizado. Todo fue un “malentendido”. Por ejemplo, en una columna desafortunada, se lee lo siguiente:

“Esta forma inquisitoria de combatir la violencia de género ha provocado un doble discurso, gente que se cuida en extremo de no ir a cometer un desliz por temor a ser exhibidos y andan hasta de forma innecesaria exagerando con “los y las, todos y todas” pero en corto, en la clandestinidad repudian el tema porque se sienten observados y fiscalizados, no tienen conciencia de lo importante que es, sino que temen la condena”.

Analicemos. Llamar “inquisitoria” a una reacción crítica contra El Diario es profundamente prejuiciosa. Reproduce, además, una mitología que el mismo columnista repudia: las feministas son “feminazis” porque persiguen, linchan y reaccionan con violencia. Ese adjetivo es molesto por su carga histórica. El autor lo utiliza para “criticar” a las feministas, pero bien sabemos que la Inquisición perseguía y quemaba a las mujeres por ejercer libertad sobre sus decisiones y cuerpos.

En esa misma semana, otro columnista tituló a otra opinión olvidable “¿Feministas o feminazis? Una sociedad en crisis”. En esa nota se defiende la “libertad de expresión”. Yo traduzco esta frase como “temo perder la libertad de ofrecer opiniones machistas”.

Sí espero que se cumpla ese “miedo” que denuncia el autor de las palabras que cito. Así El Diario y cualquier medio de información cuida más sus textos, juicios y opiniones que difunden estos lenguajes violentos. El final del texto lo encuentro especialmente problemático. Parece que el autor teme que se pierdan ciertos privilegios de opinión escudándose en esa libertad de expresión que también el otro columnista defiende.

Encabezados

Podríamos imaginar que este medio, en sus noticias, por lo menos es serio. Ya vimos que en sus columnas, firmadas y no, apesta. Pero en lo demás hace bien su trabajo. Hablemos de “encabezados”. Para muchos, lo único que se lee. Por ende, en estos tiempos de internet, es lo más importante. El Diario tiene unos encabezados geniales, sin duda.

En una nota reciente, el encabezado anuncia: “Dejan maquilas sin empleo a 4mil”. ¿Las maquilas están sin empleo? ¿O cuatro mil personas se quedaron sin trabajo? Recuerdo otro que aún me divierte y que escribo de memoria: “Se dispara compra de armas legales“. Qué manejo del lenguaje, ¿dónde firma este hombre para que lo incluyan en el Zurdo Mendieta? Después, en otro encabezado, leemos: “Firma Donald proyecto de ley para desastres naturales“. ¿Cuál Donald? ¿El pato Donald o Donald Trump? Y bueno, un último más largo y “creativo” por lo metafórico: “Rescataron a Rubí casi por casualidad y con un pie en Guatemala“. Aquí se hace referencia al secuestro de una menor. Algunos medios de comunicación (por ejemplo, el canal 44 y el mismo Diario) hicieron énfasis en que el secuestrador era hondureño. Esa información, por supuesto, es utilizada para difundir un mensaje: que todos los hondureños son peligrosos, así como difundieron que los cubanos contagiaban enfermedades y se casaban ilegalmente en Juárez. Una tontería. Por suerte, la joven fue ya rescatada. Ahí es donde debe recaer el énfasis y no en las casualidades o en dónde la niña tenía “los pies”.

En esa noticia, se menciona tres veces la palabra “hondureño” al momento de nombrar al secuestrador, comprobando mi tesis sobre el discurso anti-inmigrante que busca subrayar El Diario. De hecho, en cada noticia sobre el caso los encabezados destacan la nacionalidad del hombre. Miren:

hondureño

Textos

Estos son encabezados ¿no? El cuerpo de los textos debe ser impecable al menos. ¿No? Tampoco. Les dejo una colección de frases hermosas que encontré leyendo algunas noticias:

  1. [Ciertas] maquiladoras han movido [qué gran uso de verbos] sus operaciones de Ciudad Juárez a otras partes del estado, el país y hasta el mundo [porque ni “país” y “estado” pertenecen al planeta] dejando sin empleo a 4 mil personas.
  2. La autoridad no informa si la menor pasaba por el lugar o acompañaba a la fémina [San Google, dime un sinónimo de mujer, porfa] blanco del atentado.
  3. Resultó lesionada de un balazo en la rodilla misma que vestía uniforme escolar [aquí el periodista busca indicar que la niña lesionada era estudiante, pero, bueno, la redacción es mala].
  4. Lució su figura esbelta ataviada [qué sinónimos tan barrocos, me cae; aunque el verbo ataviar suele significar vestir, se utiliza por lo general para indicar una vestimenta fuera de lo común] en un bikini blanco. Mostró su belleza sin maquillaje  [sin palabras] y peinó su cabellera en una coleta, mientras disfrutaba de un almuerzo y leía. En diversas ocasiones, se captó sonriente a la actriz [ni Proust se inventaba estas descripciones tan maravillosas].
  5. Madres de niños especiales [esto es capacitismo: son niños y ya] se plantaron afuera de la institución…

Palabras finales

En verdad, no me sorprende lo terrible que es este medio que se precia de ser el “más serio” de Juárez. No me impresiona porque estamos hablando del mismo periódico que publicó un top (!) sobre masacres en Ciudad Juárez. Es decir, una jerarquía de tragedias donde muchas personas inocentes perdieron la vida. ¿Cómo se puede ser tan estúpido e insensible?

hondureño

Lo maduro sería exigir que El Diario se transforme en una plataforma periodística seria y crítica; que se utilice a este medio de una manera más independiente; y que por supuesto deje de utilizarse para propagandas de odio contra las mujeres y contra los migrantes. Esto, lo sabemos, no pasará.

Como lectores críticos, es nuestro derecho protestar y exigir a El Diario más inteligencia a la hora de difundir noticias. No obstante, tengo una mejor propuesta: apoyar otros medios de información como Yo Ciudadano. Y, claro, dejar de leer a este periódico también es una buena opción. Sin visitas, sin likes, El Diario se muere.

Antonio Rubio Reyes

Los Sacramentos: Apopcalipsis

Carta final del apóstol Antonio a los juareños

0. El pasado 21 de abril se ofreció el último sacramento, “Los santos óleos”. Con éste, culminaba la propuesta más ambiciosa de Grupo Nora. El propósito de este texto es reflexionar sobre Los sacramentos en un ámbito creativo general.

1. Los sacramentos no puede solo pensarse como una obra teatral. Sería reducir su proceso, su identidad. Se trata de un acontecimiento  (pop) performático. Es la experiencia de una crisis. Como tal, es una experiencia que desestabiliza al espectador. También a la comunidad.

La comunidad, la iglesia, responde a sus signos, los difunde. Por ello, la obra debe contemplarse en su totalidad. En mi opinión, cada una de las siete partes de Los sacramentos se sostiene de forma independiente. No sé si alguien más haya vivido la experiencia completa. Tampoco sé si eso importa. Lo que sí sé es qué partes son más esenciales en otras: “El bautizo”, “La primera comunión” y “Los santos óleos”.

2. La introducción de Los sacramentos me sigue pareciendo la mejor parte. Todas las demás, me remitían de inmediato a la primera experiencia con el evangelio pop. Su mensaje era fresco, crítico y enigmático. Además, había una seriedad en la propuesta que, ya en los últimos sacramentos, se fue perdiendo. En virtud de ello, puedo afirmar que es muy pop cómo la obra creativa se fue consumiendo a sí misma en su lenguaje visual y narrativo. Durante “El bautizo” se establecieron algunas constantes: una relación poderosa con el público, ciertos símbolos que se complementan con otros religiosos, la decadencia y el consumismo, los elementos paródicos, etc.

3. Después de “El bautizo” con coca-cola, la propuesta sacramental siguió estable hasta el final. Sigo creyendo que les sostenía la reacción e intervención del público. Esto es lo natural en cualquier performance: “el teatro es producto del público y sus servidores [los actores]”, dice Max Herrmann pensando en escenas performáticas.

Aún así, en “La primera comunión” se ejemplifican otros aportes esenciales a la puesta en escena: se crean los mandamientos pop, se ofrece una anti-comunión y el público sigue espantado por verse reflejados a ellos mismos y a lo peor de sí en estos anti-sacramentos. Como no podía ser de otra forma, solo queda reír.

4. Al concluir “La confirmación” dejé de escribir. Esto se debe a asuntos de carácter social que ocurrieron después de “La ordenanza”, en el mismo lugar y día.

Apunto mi opinión aquí, sin inventar o alimentar más la mitología de la propuesta apostólica. Ha terminado eso.

5. La ordenanza fue el espectáculo participativo más fuera de tono de los sacramentos. También, el más ágil y digerible. Recuerdo el impacto que me causó observar los trajes “papales” en la pared. Colgados, como dos caparazones. Dos exoesqueletos. Después del magno-evento de confirmación, Nora debía re-inventar el camino de sus sacramentos. Lo lograron, aunque parodiándose a sí mismos. Pienso que esa interacción con los espectadores en La ordenanza se volvió aún más esencial. Eran ahora personas que debían hacer la obra. Incluso dos personas casuales tomaron el papel de papas. Con esto, se daba a entender que no existían aquí protagonistas, sino guías. Incluso el “ordenado”. Fallaron las imágenes y la música. En este punto, esa insistencia con la misma canción y con las imágenes consumistas ya era fácil de ignorar por aprendidas.

Hay algo que ocurrió en El matrimonio que quisiera relatar. En efecto, el “salvador” (que al final resulta ser una figura que por casualidad protagoniza los rituales) se casa con su maquina de tatuar hecha en china. Hasta ahí ha llegado al consumismo: matrimoniarse con los objetos que nos dan de comer, que nos ayudan a crear o dan sentido a nuestra existencia. El amor a los objetos dura más —o eso creemos— que nuestro amor por las personas. Como esos gringos de la televisión que se casan con sus automóviles. El capitalismo puede ser conmovedor, diría algún anuncio de Coca-Cola. Lo interesante, por supuesto, fue observar la reacción no de los espectadores que ya conocíamos la propuesta artística de Nora, sino la de los accidentales observadores que se encontraban en la línea fronteriza a esa hora, agobiados por la espera y el clima, y que contemplaban quizá sorprendidos y ciertamente incrédulos el evento ritual. Algunos, grabaron con sus celulares y sonreían. En ese momento me di cuenta que Grupo Nora cumplía con su propósito: la viralización efímera. ¿Qué será de esos videos ahora?

6. Mi momento favorito de Los sacramentos ocurre en su cierre. Aquí se derrumban varias ideas que había apuntado en reflexiones anteriores. También cierta narrativa pop. En lo general, esta narrativa no se sostuvo después de La confirmación y pienso que la figura protagonista perdió gravedad, a pesar de su matrimonio. Aún así, se las arreglaron para crear tanto con tan poco en Los santos óleos. Es fascinante protagonizar tu propia muerte-pop.

Las mejores partes de la propuesta de Nora ocurrieron con los ojos cerrados. Cuando desde la imaginación accedes al escenario de tu muerte. Dos monedas hacen una casa. Esta fue una experiencia espiritual: tranquila, silenciosa. Y me gusta cómo se rompe con esta espiritualidad para meter el mensaje pop: tus monedas, tu casa, alimentan a la iglesia. Entrégalas. Tú no vales nada. No tienes casa. Y no importa: baila. Es un final duro y me agrada, hasta aquí.

Lo que siguió después, es parte del show nada más. Agregados. El Papa se tatúa unas fechas y nosotros observamos otra vez. No es una conclusión esta, sino un epílogo. Si bien no hay una sensación de cierre, no me quejo después de la experiencia anterior.

7. Hay que comprender al evangelio pop como una experiencia crítica. Debido a la naturaleza del performance, entiendo algunas de las fallas argumentales de Los sacramentos. Esta dependencia del público era la que realmente construía historias y experiencias que, por supuesto, los actores provocaban o incitaban.

No obstante sí me preocupa que se quede esta idea del pop en un simple guiño chistoso desaprovechado. Se puede construir una propuesta más solida en una revisitación a las mismas ideas de los sacramentos. Una revisión del tono y los episodios podría ser más saludable para la propuesta. Claro, la experiencia performática es única e irrepetible. Pero el teatro tiene una virtud que la literatura, el cine o la música no: su esencia anclada en la repetición, en el regreso, en la temporada. La mitología pop puede crear otras historias. Con otros personajes y quizá otras propuestas visuales, teatrales y narrativas.

Aplaudo a Grupo Nora su potencia experimental, su iniciativa fresca y su manera de volver realidad las ideas más atrevidas. Son los que se encerraron 24 horas en El Paso del Norte. Los que suspendieron con ganchos a un hombre que tatúa. Los que bautizaron a ese mismo hombre con Coca-Cola. Los que unieron a ese hombre y su maquina de tatuar en santo matrimonio. Los que nos ayudaron a asistir a nuestra propia muerte Pop.

¿Quién más hace estas geniales locuras en Ciudad Juárez?

Oh no, Pop is dead: ¡long live Pop!

—Antonio Rubio Reyes, el apóstol—

pop vitae

 

GRIS

Había leído algunas críticas de GRIS (2018). Las creí exageradas: “Es el videojuego más bonito jamás hecho”. Este tipo de oraciones son peligrosas. Como toda oración común, sin embargo, guarda algo de verdad. GRIS es un videojuego precioso que sacrifica su jugabilidad para ofrecer una estética. Cada frame destaca por su belleza, sus colores y armonía. La dirección de arte es una delicia y una experiencia estética increíble.

Quiero realizar aquí una interpretación de GRIS. La historia del personaje femenino (innominada) versa sobre la muerte de su madre. Desde el principio observamos el final de su resguardo. El derrumbe de ese mundo. Un mundo sin colores. Gris.

Cada capítulo expone el descubrimiento interior de la protagonista. Vamos coloreando ese mundo. De esta manera, ella visita los cinco estados del duelo.

En la negación, ella contempla el monumento de la madre. Se derriba, como lo hará ese mismo monumento que se ha erigido ante ella. Pierde la voz para comunicarse con el mundo, que desemboca el conflicto de GRIS. Caminamos, pero ¿por qué?

Desde la ira, la protagonista aprende a destruir las estatuas que adornan la memoria de su madre. Pareciera decir algo simple, mas hermoso: “Estoy enojada. Me has abandonado”.

Durante la negociación —de su propio dolor—, la protagonista confronta la primera oscuridad. Gracias a esta lucha contra las sombras es que ella puede aprender a volar.

La depresión, que contrasta con lo anterior, somete a la protagonista al descenso. Un descenso hacia la más profunda oscuridad. Ella se descubre hundida. Aquí sucede otro enfrentamiento aún más violento con el duelo. Una experiencia terrorífica. Por ello, la etapa más difícil de sortear.

Finalmente la aceptación. Ella ha recuperado su voz. Puede cantarle a la madre y levantar otra vez ese monumento a su memoria. La conclusión es demoledora pero hermosa: frente al memorial, ella acepta que su madre se ha ido.

—Antonio Rubio Reyes

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blu

Una noticia feliz. A principios de abril publiqué un libro en Anverso editores, una propuesta editorial de mi ciudad. De momento, circulan tres plaquettes. (Prefiero, sin embargo, el concepto de poemario). Son en suma tres visiones líricas completas: Miedo, de Jazmín Cano; Arquetipos, de César Graciano; y Blu, un texto que escribí en 2017 inspirado en una doble Joni Mitchell que se extravió en las calles de Ciudad Juárez. La portada de mi poemario la hizo Ana Iram. Estoy satisfecho con su trabajo, así como del diálogo que mantuve con Anverso.

Al ser un proyecto que recién despega, es necesario apoyarlo. Si de casualidad estás leyendo esto, te pido des like a su página: https://www.facebook.com/AnversoEditores/

Ahí se encuentran las bases para la próxima convocatoria. Quizá alguno de ustedes sea el próximo publicado.

Si alguien quiere obtener Blu, pueden escribirme en @antoniorubio0411@gmail.com. Para finales de mayo, mi libro tendrá una re-impresión (la primera edición se agotó, felizmente) y se presentará en el margen de la Feria del Libro de Ciudad Juárez.

El costo: $50.

Gracias por seguir leyendo, asimismo, a las memorias del zapallo. Me comprometo a subir contenido pronto (Zapallo 2.0, más Macedoniesco que nunca), ahora que (casi) he concluido mi compromiso con mi tesis de maestría.

Antonio Rubio Reyes

blu

 

The House That Jack Built o Lars Von Trier por Lars Von Trier

Hay pocas cosas que destacar de la última película de Lars Von Trier. Existe, sí, un humor bien logrado instalado en la ingenuidad del asesino y la incompetencia de las autoridades. A fin de cuentas, más que ser un excelente asesino es un artista particular. Esto me parece bien. También destacan la fotografía y algunas, pocas, reflexiones sobre lo sublime del arte y la dialéctica estética entre Verge y Jack. La actuación de Matt Dillon es genial. Y nada más.

El film se alarga innecesariamente, hay muchas digresiones torpes (venga, hay que amarse demasiado para interrumpir tu actual película con escenas de tus obras anteriores) y el mismo director asume una postura misógina frente a sus personajes femeninos, como si se burlara o no comprendiese o no supiese qué decir. Pero sí busca provocar, para que ciertos críticos destaquen esa “valentía” de Von Trier en este mundo tan “políticamente correcto”. No.

Muy claro hacia dónde dirige sus críticas Von Trier, pero son inefectivas. El autor se embelesa tanto en sí mismo, en su sublime idea del arte, que comete el peor pecado que un artista puede exponer: creer que sus ideas interesan más que los resultados. Creer pues que una poética es más importante que una obra estética.

The House That Built Jack es una auto declaración de amor de casi tres horas irregulares: a veces entretiene, a veces aburre. Ninguna sorpresa, ningún atrevimiento de valor estético en su guion. Una serie de imágenes bellas mezclada con retratos violentos y “documentales” sobre qué es la belleza que solo ayudan a manifestar lo evidente: una historia mal narrada que protagonizan el director y sus “no personajes”, o sea, estereotipos.

Si has idealizado a Von Trier, si te sientes transgresor y anti-moralista, si tu soberbia intelectual te hace creer que el cine siempre será masculino, si te identifican frases como “estoy harto de que las mujeres siempre sean las víctimas y los hombres siempre seamos victimarios”, si alguna vez has dicho que a los hombres nos matan más, si te parece que el feminismo es una pérdida del tiempo, disfrutarás esta película como ninguna otra.

Yo prefiero a ese Von Trier de Dogville y Dancer in the Dark, ese autor que no imponía su visión del arte a sus espectadores sino que dejaba que nosotros la descubriésemos.

 

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Respuesta a Jorge Humberto Chávez

Respuesta a Jorge Humberto Chávez

Tengo 24 años y sufro depresión. Mis crisis nerviosas las oculté por mucho tiempo a mi familia, a mis amigas y amigos, a mis profesores. Este año decidí informarlo públicamente. Una decisión complicada porque ha desembocado en una serie de mensajes contrastantes. Por un lado, las personas que me apoyan. Por otro, los personajes que han utilizado esta declaración para atacarme. Uno de esos personajes has sido tú, Jorge Humberto Chávez. Me gustaría de forma pública responderte algunos mensajes que escribiste en mi perfil social y debatir cómo has reproducido un discurso violento hacia mi salud mental; nunca hacia mi trabajo crítico sobre tu visión de la literatura.

Nuestra “correspondencia” inicia desde la publicación de la antología Ciudad negra. Mi opinión sobre este libro la empecé desde mi perfil de Facebook. En resumen: el prólogo no es un trabajo serio y solo se incluye a una mujer a lo largo de treinta años de poesía juarense. Por supuesto, Jorge, respondes de esta manera:

Jorge 1

Desde este momento, impones tu visión como “autor” y desvalorizas la labor no solo de cualquier crítico, sino de los lectores. Tu respuesta me parece aceptable hasta la última parte, donde efectúas un comentario transfóbico y decides atacarme sin ninguna razón con tu “el prian te lavó el cerebelo”. Como suele ocurrir, dejas que el trabajo mal hecho que hiciste deba enmendarlo alguien más: “haz tu antología”. Hablas desde tus privilegios, Jorge, y esta posición la seguirás reproduciendo en el futuro.

A pesar de esta discusión, nuestra relación no se vio afectada. Yo acepto cualquier error de investigación o literario que pueda cometer. Lo que no acepto es cualquier forma de violencia, como las que realizaste esta semana:

Jorge 2

Puedo tolerar que ofrezcas tu opinión sobre mi muro. Si no te hace gracia, estás en tu derecho de no consultarlo más. Lo que me molesta es que juzgues mi depresión desde tu postura personal y desprestigies mi visión de la literatura, definiéndome como un “chantajista” por hacer pública mi depresión. Yo no busco tu aprobación ni tampoco “insinúo” mi suicidio para que personas como tú puedan “salvarme” o siquiera emitir una opinión, insisto, desde ciertos privilegios sobre mi neurodiversidad. Que una condición mental como la depresión te impida hablarme con tu verdad solo demuestra que eres una persona incapaz de debatir: un capacitista que no puede comentar de forma objetiva sin tener que relucir argumentos ad hominem. Tampoco te considero moralmente superior a mí como para que sugieras que acuda a un siquiatra. ¿Quién eres tú para darme consejos luego de desvalorizar mi trabajo desde tu postura personal?

Tampoco, como afirmaste en otro lugar, me escudé de tus comentarios desde mi condición emocional. De hecho, nunca respondí a tus ataques, como tú sí lo has hecho. Claro, lo único que puedes señalarme son cosas irrelevantes al trabajo literario: “majadero”, “la boca muy amplia y el criterio muy estrecho”. No, Jorge, nunca te he insultado como tú crees ni he juzgado tu vida desde prejuicios. Indiqué que eras soberbio, que eras un escritor menor. Ironicé tu visión sublime de la literatura. Para ti la crítica debe iluminar, nunca destruir. La crítica debe ser positiva o no será. Me parece bien que opines de mi literatura, de mi trabajo como reseñista, porque yo puedo opinar de tu oficio como escritor, poeta y antologador. Pero no es correcto que tú me definas “chantajista”, este sí, un prejuicio que no corresponde con nuestro oficio: la literatura.

Tengo la impresión de que nunca leíste mi reseña. Está bien, pero pienso que por ello no tienes argumentos para llevar a cabo un debate más sano. En persona, cuando te señalé algunos aspectos que luego escribí en mi texto, dijiste que no habías escuchado. Esa imagen es la que conservo de ti, Jorge: el escritor que no quiere escuchar.

Jorge 3

Tu pareja, cuyo nombre desconozco, invadió mi perfil y decidió escribir una serie de insultos y ataques hacia mí y mis amigos. Mensajes escritos con una violencia increíble. Intuyo que ella supo de mi condición emocional por ti. Si hasta te enorgulleces de su “coraje”, de su “lenguaje vivo y desenfadado”. Al escribir esto, apruebas la violencia que ella externó.

Jorge 4

Jorge 5

El mismo lenguaje violento lo reprodujiste contra mi amigo César Graciano, quien solo te respondió con esas verdades que no puedes tolerar: “Justo ahí está su error. Creer que la crítica solo está para ‘iluminar’ textos, para ‘iluminarlo’ e ‘iluminar’ su ‘poesía’. No está nada acostumbrado a la crítica, a que lo critiquen fuera del falso elogio. No acepta sus errores (de principiante) en su prólogo a Ciudad Negra, su falta de profundidad. No realiza autocrítica, que le urge. Debería replantearse su relación con sus críticos y con su propio trabajo, así quizá algún día logre escribir un poema o un libro, mínimo un prólogo, que valga la pena”. Y tú, que me llamaste majadero y prejuicioso, respondes:

Jorge 6

Jorge, gracias por considerarme escritor, a pesar de mi criterio tan estrecho y mi boca tan amplia, pero tu ignorancia reluce en estas palabras hacia mi amigo, ganador del premio Voces al Sol con Cuentos únicos y secundarios. Para ti, es un “sombrio pendejo”. Para mí, un escritor ofreciendo una opinión sana y literaria.

También me resulta fastidiosa tu “victimización”, tú que tanta violencia has reproducido. Nunca me he mofado de tu edad ni tampoco escribí esto que tú afirmas. Lo hicieron entre tú y Agustín, de hecho. Alguien podría hablar incluso de humor. Lo que sí escribí fue cómo utilizas tu pretendida experiencia para minorizar mis opiniones: “te hace falta ver más bax”. Tú sí me juzgas desde la edad. Solo me queda rescatar algo de ironía en tu agresiva postura.

Jorge 7

No denigro lo que no me gusta. Lo critico, ofrezco mi opinión. Las personas que me leen podrán o no estar de acuerdo. Ninguna de ellas ha sido tan ingenua como para afirmar que mis textos no tienen validez solo porque sufro de depresión. Y sí, leo lo que me da la gana. ¿Quién eres tú, insisto, para decirme qué debo leer?

jORGE 8

Quizá me haga falta experiencia y tenga que confrontar cómo personajes ajenos a mi vida se atrevan a decirme chantajista, a pedirme que me suicide y escribirme, en estos tiempos, joto asqueroso. Quisiera seguir con mi labor de crítico e investigador de la literatura juarense, pero me siento abrumado y cansado. Me gustaría seguir ofreciendo mis opiniones, seguir escribiendo reseñas, ensayos y haciendo memes también, porque el meme permite un discurso desmitificador y crítico. Pero antes, prefiero realizar otra búsqueda personal y literaria.

Ojalá, en espacios culturales y académicos, se hablara y reflexionara más sobre la salud mental. En México, los índices de suicidio son demasiado altos y se necesita que estos temas se atiendan y consulten: la depresión, la ansiedad, el suicidio. Tu postura privilegiada solo deja ver una ignorancia abismal y una soberbia igualmente enorme, pues piensas que tu opinión puede llevarme a una crisis nerviosa, a una depresión profunda o ya de plano al suicidio. Si decido responderte es porque quiero señalar una conducta cultural que invisibiliza esta condición neurodivergente.

Sin más que agregar, con esto cierro toda posibilidad de diálogo contigo.

Atentamente

Antonio Rubio Reyes